Diálogos con Manuel

Manuel llega con dibujos en los ojos.

A veces recorre el pueblo y los lleva en una carpeta, como un demiurgo que atesora designios. Llama a una puerta, y despliega sus imágenes, y aconseja que por veinte pesos, usted puede tener un pájaro pintado de azul; el mismo pájaro que se formó con el agua primordial que bebió Adán.

Por menos quizás, un laberinto de puntos y un gran ojo que registra el primer instante de un avatar cuántico de la Creación.

O una cesta con frutas geométricas, maduradas en desiertos lunares. Por cincuenta pesos vende el rostro de una mujer florero. Con su único ojo y sus labios desaforados, de rojo lúbrico, proclama el homicidio de su alma. No le gustan las máquinas que pintan mundos perfectos. Jamás pintará un paisaje del natural. ¿Para qué, si ya está pintado?

Sostiene que sus imágenes son distintas a las mías, porque él es zurdo y yo soy diestro. … «Yo dibujo la mitad del mundo, la más difícil; y vos dibujás la otra, la que entiende la gente» …, me dice alucinado.

Habla en forma definitiva, Manuel. Como los profetas.

Me pide colores, de esos que pintan suavemente, casi solos. Colores que quizás ayudan a poblar las madrugadas grises.

Fumamos mucho con Manuel.

Él mis cigarros; yo, de los suyos.

Así debe ser, para que el silencio haga hablar nuestras imágenes y se puedan ir conociendo, viajando por el humo.

Manuel vigila al mundo por pequeñas ventanas, y me pregunta: «¿Dónde puedo conseguir papeles para dibujar los sueños? ¿En Europa? Los que tengo son para dibujar pájaros y desgracias».

En esos silencios de tiempo detenido, me mira las manos, y yo voy entrando al museo de su Aleph.

Llega Manuel a mi taller, y me desaloja de la silla. Acaricia la mesa de dibujo, la mide con ojos de regusto y me dice: «… me gusta esta mesa, porque aquí uno puede dibujar el mundo…»

¿Cuándo te mueras, me vas a regalar la mesa? ¡Yo sigo en tu lugar, pero dibujando la otra mitad del mundo, la que es difícil! ¿Cómo me hago profesional? ¿Me das papeles de Europa y esos lápices chiquitos?

Yo le prometí que así será.

Manuel me mira solemne, me da un cigarro para sellar el pacto, y se va con su carpeta a seguir ofreciendo sus visiones herméticas.

Yo quedo feliz, sin poder dibujar, porque ya sé que tengo un heredero.

NELSON ROMERO, 25/01/2010.

*Foto: Martín Otero

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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