“Quejidos de la barranca”

Desde muy temprano, el público se dio cita en el predio donde se realizaría el evento de ribetes internacionales.

Delegaciones nativistas, tradicionalistas y antropológicas de Raigón, Estación González, Nico Pérez, Holanda y países asiáticos, llegaron a los empujones y carcajadas dado el nerviosismo y la desaforada expectativa que los embargaba.

El espíritu festivo, pero no exento de genuino patriotismo, se notó entre los contingentes de paisanos que llegaban en carros de tres ruedas, sulkis, bicicletas, monopatines, planeadores, cuatro por cuatro, carretillas y hasta familias enteras sobre un burro.

La mañana era una carcajada luminosa que envolvía a tan heterogénea multitud, deseosa de dar rienda suelta a su patriotismo lúdico.

El cielo, displicente y cómplice dejaba vagar en su seno algunas nubes ubérrimas cual chinchulines rosados sobre un poncho patrio. Hasta los cerros y cuchillas rememoraban las luchas hemofílicas donde tanto gauchaje corajudo entregó el rosquete.

Se comenzó a talar dos montes de eucaliptus para la leña de los fogones y los primeros fuegos comenzaron a elevarse como piras funerarias que evocaban gestas emancipadoras.

Las parrillas eran una orgía desenfrenada de mollejas, tripas gordas y flacas, chorizos dietéticos, morcillas, pollos de triple pechuga, costillas de caviar, hamburguesas de Mc Donald, sábalos, que evocaban el triperio desparramado por nuestros prohombres en las luchas por darnos la patria de hoy.

La sociedad tradicionalista “Bosta y leche”, integrada por ex peones de tambo, llegó desde el paraje “Cañada del Bulto”, para abrir la función.

La irrupción en el escenario fue una majestuosidad brutal y eléctrica.

El conjunto de ballet folclórico gay “Los insaciables del sur”, se llevaron el mayor elogio, haciendo la delicia de chicos y grandes. Con un estilo crudo y despojado, un vestuario poco ortodoxo pero audaz, y una coreografía esmeradísima a cargo del profesor Yayo Gaculva.

Un gaucho con los ojos inyectados en sangre, que vestía un poncho dorado con lentejuelas, en el colmo del paroxismo, arrojaba al escenario puñados de preservativos con dedicatorias y su número telefónico. Hubo una pandemia de convulsiones, desmayos, eyaculaciones precoces, vómitos de baba verde y hasta descontrol de esfínteres.

El predio quedo como un tajamar de adrenalina.

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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