Sobre turismo, historia e identidad cultural.

Con motivo de promocionar el turismo, Primaria organizó un concurso regional literario con el título “Bellezas de mi solar”. El primer premio se le otorgó al niño de la escuela N°208 “Brigadier General Libertador Gregorio Álvarez” del paraje Laguna del Opa.

Redacción: Sierras de Mahoma.

Las Sierras de Mahoma son muy antiguas. Deben tener más de 100 años, porque mi abuelo me contaba que cuando nació ya estaban ahí.

Por qué están ahí, nadie sabe.

Algunos dicen que fueron los indios que empezaron a juntan piedras chicas primero y después entre todos empujaron las más grandes y se entusiasmaron tanto que se quedaron a vivir –por eso se encuentran bolas a veces-. Yo una vez encontré una bola, pero no sé si era de indio o era un huevo de helicóptero petrificado.

Una niña del otro tercero encontró una punta de flecha, y yo encontré una flecha entera que estaba pintada y decía SALIDA -yo igual la lleve y la doné al Museo.

En Alaska no conocen las Sierras de Mahoma. Que se jodan por nabos.

Están declaradas de interés mundial y no se pueden sacar de ahí ni pintar de blanco ni poner “Juan vuelve”. Antes, me contó un vecino, que a los comunistas y tupamaros no los dejaban entrar porque hacían agujeros en la tierra y ponían bombas -imagínese maestra que una bomba en la mitad de las Sierras de Mahoma hubiera desparramado cascotes hasta Pando-. Por eso, estos anormales tenían que mirarlas desde lejos y rápido y les gritaban: ¡circulen circulen!

Ahora pusieron una virgen en una cueva y hay gente que va en cuatro patas entre los cardos a rezar y a pedirle que saque el Cinco de Oro o que quede viudo y otras cosas monumentales y eufóricas.

Desde la parte más alta se ve hasta donde alcanza la vista -mete miedo-.

Mucha gente viene a pie desde otros países cuando es el cumpleaños de la virgen, y también van enfermos y viejitos y desnutridos y a algunos los suben a empujones porque se hacen los cansados. El obispo también va, pero llega primero porque va en un auto blanco y los espera a la sombra tomando mate, y los empieza a enloquecer porque les dice que la salvación está arriba y todo el mundo se mata a porrazos por subir primero.

Dicen que los indios ponían en la altura más alta al más alcahuete para vigilar, y cuando veían venir a alguno medio pichi con pinta de ladrón de gallinas, empezaba a gritar con flatulencia y se golpeaba las nalgas, y abajo armaban el tal despelote y así se podían esconder con valentía, con los rifles y chumberas.

Cuando fuimos con la clase, la maestra nos dijo dónde estaban los baños, pero yo no creo que sean hechos por los indios, porque dicen que ellos eran sucios y vivian en pedo debajo de los talas y otras plantas autónomas.

Comían bifes de dinosaurio casi crudos y huevos de comadreja. No usaban servilletas y se limpiaban las manos en el vaquero.

Las Sierras de Mahoma deben su nombre, según nos explicó la señorita maestra, a un turco pariente de Bin Laden, que se las tiraba de Dios y anduvo tratando de convencer a los indios de que se pusieran de rodillas cuando él pasara, pero los infames lo miraban de reojo y no le dieron pelota y siguieron siendo apócrifos. Un día el hombre se aburrió y se fue por la ruta 23 haciendo dedo y les hizo la cruz -pero andá a saber-.

Las Sierras de Mahoma son únicas en el mundo porque están en San José.

El intendente creo que no ha ido nunca a decir un discurso o a inaugurar las Sierras de Mahoma, porque no se lleva con el dueño del campo – ¿vos te crees que es bobo? -.

Las Sierras de Mahoma están en una altura bien alta para que los turistas las vean desde lejos.

El año pasado la visitaron como seis millones de personas turísticas, pero nadie compró nada.

De pasar tanto genterio se formó un zanjón como de diez metros de hondo y por eso el dueño del campo se calentó y dijo: “¡aquí no me entra ni el Papa, qué carajo!”

Por eso el Papa no conoce las Sierras de Mahoma.

Si vienera algún día, San José se iría para arriba y habría más trabajo y menos alcoholismo.

El amigo de un hermano de un compañero mío, le contó que en las Sierras de Mahoma hay víboras con cascabel de veinte metros de largo. Estos moluscos son cobardes y traicioneros. Te parten la cabeza de un cascabelazo y después te comen sin apuro con una ferocidad foránea. No respetan sexo ni edad ni profesión.

Yo tenía un tío mío, o sea un hermano de mi madre, que dice que cazó una de cascabel y con el cuero le puso toldo a un carro de cuatro ruedas y le sobró para hacerle un enterito a la mujer, o sea mi tía, se hizo un poncho y unas botas de taco alto para ordeñar y un llavero para el hijo, o sea mi primo, y con los colmillos hizo un adorno para la tranquera, y con la parte saliente de abajo del animal bestial forró un termo.

Hubo gente que les retiró el saludo – ¡Fíjese! -.

Las Sierras de Mahoma son muy ricas en recursos de toda especie. Hay gente que vive exclusivamente en las Sierras de Mahoma. Casi todos son faquires.

Una cosa que me llamó la atención y me dejó pasmado es un efecto misterioso que se da en las Sierras de Mahoma y es el siguiente: si usted se para en la parte más alta y mira para abajo, a las otras personas que están abajo las ve chiquitas, y si usted baja para abajo y mira a una persona que subió para arriba, también la ve chiquita. Debe ser algo causado por el efecto invernadero. Yo me pase todo el día subiendo y bajando porque me parecía increíble y misterioso, pero no le encuentro explicación. Haga la prueba y va a ver.

La maestra nos prometió que si para el año que viene no la echan de la escuela, nos va a llevar a la playa Cufré, donde desembarcaron los aztecas y se comieron a Hernandarias.

Ste

ALUMNO: NELSITON ROMERITO.

3er año Z.

Por Nelson Romero

Foto: Martín Otero

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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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