Estoy convencido que la Navidad huele a jazmines. No huele a rosas o a Carolina Herrera. Mucho menos tiene olor a estiércol y a aliento de animales en un pesebre mezclados con olor a placenta y sangre derramada durante el almumbramiento, como se supone realmente olió. Hay olores que se le acercan al de la Navidad, como el del plástico nuevo de los juguetes, a pan dulce o a pólvora de bomba brasilera.

Otro olor que se acerca mucho es el del pino natural, pero éste está en peligro de extinción, culpa de los de los artificiales que todos los años miden exactamente lo mismo, y no huelen a nada o, a lo sumo, a encierro. Hay un olor que está discutido entre si es de Navidad o Año Nuevo: el del humo de las churrasqueras en las noches de diciembre.

Precisamente las churrasqueras y su calor de verano y fuego son responsables directas de la transpiración del encargado de hacer el asado, cordero o lechón, que por lo general es un referente familiar, mi viejo por ejemplo. Es precisamente el olor de sudor el que se percibe a la medianoche, en el momento de dar el beso deseando Feliz Navidad, uno de los que se podría definir como el olor de la Navidad.

En realidad todos estos olores solos no despiertan nada del otro mundo, pero combinados con el olor de los jazmines se vuelven mágicos, suenan a carcajadas alrededor de una mesa, a niños corriendo por los pasillos, a vidrios de copas y vasos chocando, a charlas interrumpidas por un bombazo a eso de las 22:17 y a un par de silbadores a las 23:49, a palmaditas en la espalda, a expresiones de asombro de los chicos al abrir los regalos, mueven cositas en el pecho por la melancolía, nos muestran los espacios inevitables que se hacen gigantes pese al pase del tiempo…en fin, los olores de Navidad hacen magia…

Imagínate por un minuto que perdiste el sentido del olfato. Ya no percibís el perfume de tu abuela, el aroma de tu comida preferida, o el de la piel de tu hijo. Podés tocar y sentir, ver, pero no saboreas, porque no oles, y eso te impido sentir al 100% la esencia de esas cosas tan significativas para vos.

Desde hace tres años vivo en Ecuador, el país más biodiverso del mundo, pero donde, paradójicamente, no hay jazmines como los de Uruguay, y sin jazmines, permítanme decirles, para mí, casi, casi, ya no hay Navidad… y eso es un bajón.

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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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