Este lunes les voy a compartir algo que me tocó vivir el pasado miércoles 28 de setiembre a la hora del almuerzo en la ciudad de Quito. Esta escena real la compartí en mi Facebook y me llamó la atención lo bien que la recibió mucha gente, por lo que hoy la comparto con todos ustedes. Ya tiene algunos días, pero si le pone un poquitito de “color optimismo” a tu lunes, entonces vale la pena.

Hay quienes dicen –y yo coincido- que la solidaridad se termina cuando aparece una cámara de fotos, pero en este caso no se me ocurre otra forma para dar una mano.

Hoy miércoles, después de hacer un trámite, se me acercó un tipo flaco de barba blanca. Me pidió monedas porque, según me dijo, tenía hambre. Le respondí que no tenía (claro, le mentí) y seguí de largo. En realidad yo todavía tenía que ir a almorzar.

Caminé unos cuantos pasos y me pregunté a mí mismo porqué su cara me parecía familiar. Segundos después me di cuenta que ayer martes lo había visto en una tienda de artículos publicitarios, casi pegado a mi trabajo, limpiando los ventanales de ingreso.

Desvié mis pasos y encaré rumbo a un restaurancito que está en el Parque La Carolina de Quito -ciudad en la que vivo- hacia donde coincidentemente también él se dirigía, casi por inercia, con la cabeza gacha mirando el pasto verde todavía húmedo por la lluvia que cayó en la mañana.

– “Flaco, vení, vamos a almorzar”- le dije. Se acercó, estrechamos las manos y nos sentamos en una mesa. Después de pedir el almuerzo nos pusimos a hablar, así como cuando el Principito se encontró con el piloto en el desierto.

– ¿Vos ayer estabas limpiando vidrios en la tienda de acá enfrente? – le pregunté yo, y ahí la charla comenzó a fluir. – “Sí, era yo, limpio vidrios para poder comer”- me dijo.

Después me contó – en su rudimentario español- que se llama Rock, que es de Jersualén, que tiene 43 años de edad y que es cristiano ortodoxo. Que trabajaba en altamar, pero al llegar al puerto de Manabí le habían robado todos los documentos y el dinero, por eso se había trasladado a Quito, al consulado de Israel, donde, supuestamente, lo ayudarían. Sin sus documentos no lo dejaron subir nuevamente al barco, donde por estar 80 días en altamar le pagaban 5 mil dólares. Desde hace unos meses anda como indigente, durmiendo en los parques de Quito.

También me contó que muy joven se enroló en el ejército israelí, me habló de las atrocidades e injusticias del conflicto con los palestinos y citó un par de anécdotas de cuando por esas vueltas de la vida terminó en Catar trabajando en los pozos petroleros. Me dijo también que parte de su familia vive en Los Ángeles, Estados Unidos y que añora verlos algún día.

Hablamos, comimos y hablamos más. Dos tipos a los que este miércoles de septiembre los sorprendió lejos de su tierra natal, viviendo realidades diferentes, pero compartiendo algo tan hogareño y sagrado como el almuerzo.

En los 45 minutos aproximadamente que tuvimos de charla nunca denoté en él vestigio alguno de maldad o mentira. Aclaro esto porque sé que alguno al leer esto puede estar pensando “te inventó la historia y vos te la creíste”, y puede que tengan razón, y si así fuera ¿qué? ¿Qué hay de malo en por un momento abrirse a que quizá el otro está realmente pasando un mal momento y que si se tiene la suerte de poder ayudar hacerlo?

Equivocarse en estos casos, en los que se busca dar una mano no está mal. Faltarían más errores de esos. Tenemos un déficit de confianza y de humanidad.

En definitiva, yo quiebro una lanza por Rock, y pido a mis amigos de Quito que si se lo cruzan y pueden le den una mano.

Por lo pronto hoy, a mí parecer, hay un buen tipo que está con la panza llena…ojalá mañana también.

¡Buen provecho!

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Escrito por

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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