Julio 2007

Nuestra bitácora del día tenía como destino la ciudad de York.

Despertábamos de nuestro segundo “P” en Inglaterra. Esta vez acampamos en el estacionamiento de una escuela de Leicester, hoy en día un nombre en boga en el ámbito futbolero. Nos trasladamos a una estación de servicio para hacernos de baño y demás, y nos agraciamos con descubrir que había duchas disponibles para los usuarios. Hicimos el usufructo correspondiente, con lo que conllevaba eso, poder hacer otra noche más de “P” sin la obligación de buscar un camping con ducha.

Estación Sheffield
Estación Sheffield

De camino decidimos hacer un desvío en nuestra ruta para llegar a la ciudad de Sheffield, donde visitaríamos uno de los edificios emblemáticos del Team X por la década del ’60. Ahí podríamos ver la Asociación, la Flexibilidad, la Identidad, en contraposición al marcado funcionalismo de La Carta de Atenas del CIAM.

Es lo que esperábamos encontrar. El edificio del Team X, debatir un poco sobre él, cuestionarnos lo que en la teoría nos transmiten sobre el edificio, juntar los petates y salir para York.

Arribamos a media mañana. El bloque de edificios es como un conjunto de “cintas” plegadas de seis pisos dispuesta en el terreno verde sobre una ladera de la ciudad. Estéticamente es un gris marronaceo y tiene hacia todo el corazón del complejo la Calle Corredor que tanto pregonaban los miembros del grupo arquitectónico, con esa idea de darle al ocupante un sentido de pertenencia a la vivienda, un vivir la calle, la calle privada.

Cuando llegamos no fue esa la sensación que nos dio, y hoy en día y tal vez en nuestros lares es muy difícil de notar. Hay que verlo con ojos sesentosos.

Antes de partir decidimos dar una pequeña vuelta por el centro y fue ahí cuando nos sorprendimos.

Veníamos grises de Londres. Tal vez por estar toda la semana acompañados de lluvias y porque inevitablemente comparábamos a Londres con Paris, ciudades totalmente diferentes en lo estético y por consecuencia en la forma de vivir la ciudad.

Nos encontramos con una Sheffield esplendorosa, brillante y con mucha vida. La estación principal de trenes era una rehabilitación a nuevo de la vieja estación, con luminosos tragaluces y enfrentada por un interesante espacio de rampas, escaleras y juegos de agua.

Sheffield al sol
Sheffield al sol

El sol nos llevó  a distendernos y nos perdimos por ahí, entre la gente que iba y venía de la estación. Dejamos a La Camio en un parking y nos fuimos a recorrer el resto de la zona. Estábamos casi en el centro.

Al caminar unas pocas cuadras por calles y galerías peatonales llegamos a una plaza muy concurrida. La primera sensación es que estábamos en París de nuevo. La gente se había volcado toda al verde, disfrutando de un fin de semana de sol. Los edificios que la rodeaban eran antiguos y muy a tono con todo el espacio.

En el centro de la plaza había un juego de chorros de agua que iba y venía, y ahí nos perdimos en el tiempo. Nos aflojamos y empezamos a disfrutar de las cosas simples. El agua y los niños.

De 12, de 8, de 4, de 2 años. Todos estaban jugando en la plaza, corriendo entre los chorros entre risas y algún tropezón. A nuestro alrededor no estábamos solos. El agua era un imán para varios.

Pasó el rato largo, tal vez horas en las que estuvimos sentados conversando cosas simples y profundas mientras mirábamos a los niños jugar. Ganas no nos faltaron de ser niños y correr entre los chorros de agua. Lo pensábamos más de una vez.

Cuando emprendimos retorno rumbo al parking nos topamos con una canaleta con agua que acompañaba todo el recorrido de la escalera que unía la peatonal superior con la calle de la estación de trenes, metros abajo.

Fue nuestra oportunidad de ser niños otra vez. Nos hicimos de papel y preparamos nuestra embarcación para la travesía por tierras foráneas. Así como lo hacíamos en las cunetas de la Calle Rivera de San José, o luego en el moderno cordón cuneta de la calle Batlle y Ordoñez, con el plus que remataba en un profundo zanjón. En aquellas oportunidades la embarcación ganadora era la que podía recorrer los 100m de cuneta sin perder las partes ni ahogarse entre los adoquines embarrados.

Largamos nuestro barco y cuando quisimos acordar estábamos acompañados por un gran grupo de niños que siguió el viaje del Capitán Miranda desde lo alto a lo bajo de la calle. Cual banda de rock sentimos el coro que nos pedía “again again” para que retomáramos la travesía.

Aquellos childrens se quedaron armando sus propios barcos y jugando sus propias carreras en su “cuneta”. Quién sabe si hoy no tienen una nueva manera de vivir aquella plaza, quedándose con un pedacito de nosotros.

Emprendimos viaje a York, llenos, contentos de cómo habíamos pasado nuestro sábado, y que bien se siente uno disfrutando de las cosas simples de la vida.

 

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Escrito por

Gabelo

Si cualquier día corriente de nuestras vidas podemos vivir un hecho que se convertirá en anécdota, imaginá todas las que podés recabar si das la vuelta al mundo. Eso que parece tan loco Gabelo ya lo hizo por nosotros, y de ahora en más compartirá sus vivencias a través de posteos semanales en semecanta.com

2 Comments

  1. Gran travesía del Capitán Miranda!! Gran recuerdo, lindo poder revivirlo en palabras. Gracias y salù!

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About Me

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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