Era de origen humilde, a diferencia de sus amigos no se compraba ropa todos los fines de semana, salía con lo puesto y unos pocos pesos en el bolsillo que apenas daban para un par de vinos cortados en el bar que estaba frente a la plaza.

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Poco le importaba, el sacrificio estaba en ir a la universidad y dejar la moneda en los libros que le permitirían aprobar las materias y que a posteriori formarían una bibliotequita, también humilde, pero bastante completa. Además, el pedo estaba asegurado, los amigos nunca le dejaron vaciar el vaso, y al mandar la vuelta siempre rezaban: “¡sirva y sirva cantinero, que el Luisito va ser nuestro abogado!

Un día de invierno, bastante frío, por allá por los primeros días de julio, los muchachos pasaron a buscar a Luis que no tenía que madrugar, pues la facultad no dicta clases durante la feria judicial. Como había conseguido un laburito para los fines de semana, andaba con unos cobres y con tremendas ganas de emborracharse: solo podía salir entre semana y cuando no tenía clases.

A eso de las cinco de la mañana, con el bar a puertas cerradas, hacía rato que se estaba fumando adentro, uno de los pibes mandó la vuelta y mirando al Luisito repitió las musas rituales. Peleándose con la butaca, agarrándose del mostrador para hacer equilibrio tal cual un surfer incorporándose en la tabla para domar la ola, dijo: “yo los quiero, y porque los quiero espero que nunca vayan a necesitar de mí, eso significaría que tienen problemas, ¡giles!”

Aquel designio borracho del destino dejó en un tropezón a los dos amigos en una consulta jurídica que de verdad, a Luisito, lo asustaba. Durante seis años se había preparado para eso, pero nunca pensó que un amigo iba a ser el que estuviera en el banco de los acusados.

Sacudió la cabeza rápidamente, pidió otro mate para desatar el nudo en la garganta y con la voz quebrada le rogó a Walter que se entregara y confesara, porque éstos eran atenuantes y en un país que el derecho penal es más severo con los delitos contra la propiedad que respecto de los que atentan contra la vida, podía llegar a pedir una pena de prisión y por lo tanto, excarcelable. Acto seguido, partieron juntos hacia la seccional. Sin embargo, Walter no estaba para nada convencido.

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ramiro

Soy Ramiro, un maragato criado en la ciudad de Canelones y he vivido en otros lugares también, pero no hace mucho volví al pago a cumplí con la inevitable máxima tanguera: “siempre se vuelve al primer amor”. No obstante, esta situación semi-nómade no me caracteriza, pues a mi modesto entender, tengo una particularidad que cualquiera que me conozca sabría identificar, mi condición de atrevido.

Siempre me gustó hacer cosas que no tenía ni la más pálida idea cómo encararlas, empecé muy pequeño queriendo elaborar juguetes o arreglarlos, mi primera víctima fue el family game. Después continué con todo tipo de emprendimientos que tenían un común denominador: siempre salían mal. Fue así como llegué a esto de la escritura, leí a Onetti y quise escribir como él, como no pude intenté arrimarme a un Sábato, un Wenceslao Varela, etc., etc. Claro que nunca tuve éxito, fue entonces que creí haber identificado el problema: tenía que buscar un registro propio. Desde ese momento aproveché mi otra formación (el derecho); pensé que escribiendo sobre lo que me había llevado unos cuantos años institucionalizado podría conseguir un estilo personal y superar el constante fracaso que suponía mi otra profesión, la de atrevido. La cosa es que escribí unos cuantos ensayos jurídicos utilizando otras perspectivas provenientes de otras disciplinas y resultó algo más o menos, ni muy, muy ni tan, tan. No puedo negar que en un principio me alegré, pero reflexión más acá, reflexión más allá, me di cuenta que estaba dejando mi condición de atrevido para convertirme en mediocre.

Por fortuna la suerte está de mi lado: la vida, bué, más que la vida, Se me canta, me ofreció la oportunidad de reconquistar mi amada condición de atrevido, así que durante este 2016 participaré del Ciclo 4×4. Por lo tanto lector, no espere mucho, pero lea la sección.

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About Me

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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