Tomó el camino más largo, sabía que si recorría el habitual iba a encontrarse con amigos y compañeros que se dirigían al mismo lugar. Quería pensar. No dio para nada la caminata, aunque llegó cuando estaba sonando la campana.

LEE EL CAPÍTULO TRES ACÁ

Ya en el aula, mirando la pizarra con la cabeza levemente inclinada hacia la derecha, leía con atención lo que escribía el docente: “Muerte y vida del Sargento poeta”. Según la metodología utilizada hace miles de años en las clases de literatura, el comienzo era la inexorable información biográfica del autor. Piri quedó sorprendida, el autor estaba vivo y no solo eso, ¡era joven!

En la novela, el narrador era un funcionario administrativo de la policía que había encontrado en la casa del difunto Sargento un bolck de notas gris en la calurosa tarde del treinta y uno de diciembre, que motivó un homenaje a la vida de ese milico poeta cuyos versos habían quedado al margen de la historia. Sin embargo, el funcionario convertido en yo lírico construyó la vida después de la muerte de ese bardo que alguna vez recorrió con su gran amigo y compañero: Gambeta, los llanos de la “Tercera Sección”.

El monótono método de enseñanza literaria en los liceos advertía lo que seguía: algún movimiento adjudicado al autor o algún indicio de lo que podría haberlo influido para escribir la obra. El docente habló sobre el trascendentalismo, que era un movimiento crítico creado en los Estados Unidos por mil ochocientos y no se cuánto que postulaba que el alma de cada uno es idéntica al alma del mundo y comprende todo lo que el mundo contiene. Realmente no había entendido mucho, pero aún así sabía que lo habían relacionado con la continuación de la vida después de la muerte o algo así.

La campana terminaba el primer round de un día largo, pues la noche anterior no había sido muy normal. A Piri le llamaba la atención la extraña coincidencia entre el sueño y el Sargento. No estaba para ingresar a otra clase, por eso decidió irse para el parque a escuchar un poco de música y reflexionar sobre lo que le estaba pasando: ¿sería posible una vida después de la muerte?

Debajo del árbol que en su base tenía una cavidad con forma de sillón fue a parar Piri, encendió la música y, siguiendo el ritmo golpeaba con un lápiz su pierna izquierda y le daba al aire, arriba a la derecha, tal cual un platillo. Se detuvo, eso lo hacía mi hermano se dijo. Salió corriendo hacia su casa y apenas recorrió unos metros se encontró con un amigo de Franco que la saludó con un ademán recontra conocido.

“Al fin de cuentas [pensó], eso es lo lindo que le pasa a la gente que se quiere, contagia y se deja contagiar, de un gesto, de una palabra, por eso la vida sigue después de la muerte, porque mientras haya gente que se quiera, el contagio es posible y desaparecida o no, vivirá a través de esos actos tan particulares”. ¡Piri también había encontrado su block de notas gris!

-FIN-

  • La próxima historia (última del tercer ciclo de 4×4) arrancará el miércoles 11 de mayo

ramiro
Soy Ramiro, un maragato criado en la ciudad de Canelones y he vivido en otros lugares también, pero no hace mucho volví al pago a cumplí con la inevitable máxima tanguera: “siempre se vuelve al primer amor”. No obstante, esta situación semi-nómade no me caracteriza, pues a mi modesto entender, tengo una particularidad que cualquiera que me conozca sabría identificar, mi condición de atrevido.

Siempre me gustó hacer cosas que no tenía ni la más pálida idea cómo encararlas, empecé muy pequeño queriendo elaborar juguetes o arreglarlos, mi primera víctima fue el family game. Después continué con todo tipo de emprendimientos que tenían un común denominador: siempre salían mal. Fue así como llegué a esto de la escritura, leí a Onetti y quise escribir como él, como no pude intenté arrimarme a un Sábato, un Wenceslao Varela, etc., etc.

Claro que nunca tuve éxito, fue entonces que creí haber identificado el problema: tenía que buscar un registro propio. Desde ese momento aproveché mi otra formación (el derecho); pensé que escribiendo sobre lo que me había llevado unos cuantos años institucionalizado podría conseguir un estilo personal y superar el constante fracaso que suponía mi otra profesión, la de atrevido. La cosa es que escribí unos cuantos ensayos jurídicos utilizando otras perspectivas provenientes de otras disciplinas y resultó algo más o menos, ni muy, muy ni tan, tan. No puedo negar que en un principio me alegré, pero reflexión más acá, reflexión más allá, me di cuenta que estaba dejando mi condición de atrevido para convertirme en mediocre.

Por fortuna la suerte está de mi lado: la vida, bué, más que la vida, Se me canta, me ofreció la oportunidad de reconquistar mi amada condición de atrevido, así que durante este 2016 participaré del Ciclo 4×4. Por lo tanto lector, no espere mucho, pero lea la sección.

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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