Mayo 2007: Hoy que pululan en las carteleras de las cinematecas las películas de hoteles como el Gran Hotel Budapest, Hotel Transylvania y el Exótico Hotel Marigold, me veo en la necesidad de reposicionar al incomparable Tokyo Hotel de Chicago, que mezcla un poco de todas las películas antes mencionadas.

Tiene a un legendario conserje detrás del mostrador, es exótico en todos los sentidos, y tiene pasajes extremadamente tenebrosos.

Fachada Tokyo Hotel
Fachada Tokyo Hotel

Llegamos a Chicago el domingo 20 de mayo de 2007.

Veníamos encandilados con la sistemática japonesa, la limpieza, la puntualidad, el servicio. Todo.

Ni bien llegamos a migraciones nos recibieron unas policías muy parecidas a la morena de Locademia de Policía y nos llenaron de retos. Gritos, corridas, señas y gesticulaciones para decir solamente que estábamos haciendo la cola donde estaba la fila preferencial para el trámite de migraciones, que teníamos que cambiarnos de fila.

Para salir del aeropuerto tuvimos que tomarnos unos trenes internos que tiene el O’Hare International. Ya la puntualidad, los espacios preparados para el turista y la atención no era la misma.

En el metro empezamos a divisar el nuevo perfil de la ciudad. Torres y torres y más torres de edificios.

Los olores eran otros. No mejores ni peores, otros. Una especie de “sucio” pero no de mugre. De humos, de ruidos, de bocinas y charcos.

Llegamos al Tokyo Hotel. “Esplendoroso” por fuera.

El lobby era lúgubre y semioscuro. Detrás del mueble rancio, opaco y con polvo impregnado por el paso del tiempo y la humedad de las botellas apoyadas arriba de él se erigía la figura de “el” o “la” recepcionista.

Living apto
Living apto

Era muy difícil saber si era una mujer de pecho peludo y barba o un hombre travestido al 40%. Emito el comentario respetando siempre la diversidad de género y sin hacer hincapié en su aspecto facial, solo mencionar su barba mal recortada entre labios repintados y el pelo revuelto y grasoso adornado por los pendientes que le colgaban de las orejas.

Habiendo hecho el trámite de registro procedimos a movilizarnos a nuestro apartamento. Teníamos reservado una habitación de 2 pisos, con un living en doble altura, 4 dormitorios y 2 baños.

El ascensor tenía poca luz en la cabina y estaba recubierto por chapones de madera humedecidos por el moho, y apoyados en la alfombra que estaba media levantada y que cuando la pisabas en ciertos lugares hacía el ruidito del charquito por debajo. El olor acompañaba al resto.

El pasillo estaba a la par. Al fondo estaba nuestra puerta de acceso y fuimos a ella con el temor de que saliera Jason con una motosierra, algún fantasma de Silent Hill o los mismísimos damnificados de la película Quarentena.

Pasillo Piso 16
Pasillo Piso 16

Al apartamento era muy espacioso y con luz natural. El mobiliario y la limpieza estaba más o menos al tono. No tan arruinado como el ascensor pero de cuidados tener al momento de tocar algo.

La grifería era de corte antiguo y la losa sanitaria tenía esos dibujos amarillos realizados por el continuo goteo del agua.

Éramos 11 y nos distribuimos como pudimos entre los cuartos, pasillo y living. No nos preocupaba, pensábamos parar a última hora de la noche y salir por la mañana cada día. El Tokyo Hotel era nuestra mejor propuesta en cuanto a precio/ubicación.

En la calle East Ohio St entre North State St y North Wabash Ave más no se podía pedir. Estábamos a 10 cuadras del Haoncock Center, a seis cuadras de la rambla del Lago Michigan, y a solo cinco cuadras del Chicago River, que nos separaba del barrio del Loop o UpTown.

A la postre en las esquina teníamos un gran supermercado que nos ofreció nuevamente comidas que nos habían sido ajenas durante 15 días por el lejano oriente.

Hace unos días atrás, en la búsqueda de cierta información encontré en internet que el incomparable Tokyo Hotel estaba clausurado. Me llenó de nostalgia y me impulsó a dedicarle un posteo particular.

A la fecha no he podido saber si ciertamente sigue clausurado o si ha vuelto a brindarle a los huéspedes de paso ese anecdotario inolvidable que da el ocuparlo.

Espero que así no sea, y que desde acá aporte un pequeño granito de arena para que los productores cinematográficos le pongan el ojo y lo reposicionen como se merece.

¡Salud Tokyo Hotel!

Vista desde el apto
Vista desde el apto

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Escrito por

Gabelo

Si cualquier día corriente de nuestras vidas podemos vivir un hecho que se convertirá en anécdota, imaginá todas las que podés recabar si das la vuelta al mundo. Eso que parece tan loco Gabelo ya lo hizo por nosotros, y de ahora en más compartirá sus vivencias a través de posteos semanales en semecanta.com

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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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