El capitán del barco, a conciencia de que seguían navegando en aguas cubanas, hizo caso omiso al llamado del buque militar. Un segundo llamado erizó la piel de Betao y Liza que trataron de convencer al capitán de que obedezca las órdenes teniendo en cuenta la cantidad de niños y familias que viajaban.

A esa altura, los militares habían llegado a una tercera advertencia.

LEE ACÁ EL CAPÍTULO TRES

El capitán se trata de comunicar con los militares para confirmar que seguían en aguas cubanas y que los intentos de detención eran ilegales. Una vez cruzada la línea limite entre aguas cubanas e internacionales y ante un cuarto, y aparente, ultimo aviso, el barco cubano se comunica nuevamente con el buque y asegura que en el barco viajan turistas, le llega al capitán cubano la documentación para enviar (falsa documentación) y la envía pudiendo así liberarse del asedio militar.

Más tranquila y pudiendo salir a tomar un poco de aire, Liza conoce a Welington, un niño cubano que salió con su familia a buscar, en Brasil, un futuro distinto. Un chico de ojos tristes y mirada perdida en la incertidumbre de lo que le puede esperar en un país tan diferente como el idioma que tiene que aprender. Dejar atrás amigos, barrio, escuela.

Liza miró esos ojos y lloró junto a ellos. Lloró por ver en ese niño las penas que ella sintió al irse de Brasil.

Llegaron. Cinco días de viaje lento.

Liza y Betao vuelven a la favela. Todo un año de esfuerzos para poder abrir su propia clínica y así trabajar junto a su gente, para su gente.

Esa gente que todos los días  tiene que escapar; de la muerte, de la policía, de la discriminación. Todos los días menos los domingos, que como dice Liza, es un día para festejar la vida y hacer revolución con las sonrisas…

El columnista tapó la birome, probó el café que ya estaba frío y pensó: una sonrisa que abre puertas, que muestra el alma. Esa sonrisa, la verdadera fue la que conoció.

-FIN-

ALEJANDRO

Alejandro Guarch: de Montevideo y con 27 años cree que el punk es La Polla, la Fanta es de  uva y el pop es salado.

No puede caminar por la calle sin música y su trastorno no lo deja escuchar un disco si los temas están  salteados. Ama la percusión, Sayago y a Albert Pla.

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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