En una época donde el Carnaval se apodera de mi vida; entre tanto espectáculo disfrutado en vivo, en la tele, o internet; y entre tanto trabajo de producción periodística del carnaval maragato y montevideano… salió “limpieza carnavalera en el altillo”. ¿Y qué es eso?… se preguntarán. Simplemente, ir hasta ese lugar dónde amontonamos todo y nunca vamos; a hacer como que ordenamos, cuando en realidad el principal motivo es nostalgiar con cada cosa que agarramos.

Soy 200% nostálgico. Mi altillo está lleno de esos tesoros personales y grupales de Carnaval, Estudiantinas, Colegiadas, Show de los Domingos, y Semanas de la Juventud que a muy pocos se le ocurriría conservar. Mientras mi familia padece la falta de espacio, mis amigos alucinan con alguna cosa que a veces les muestro… y entre broma y broma lo disfrutamos infinitamente.

Una calurosa tarde de febrero de este 2016 emprendí la misión hacia ese “horno” de las alturas… Después de superar la barrera de las primeras cajas (donde se encuentran mis famosas cuadernolas con la escritura de todo lo que se “cocinaba” en las reuniones creativas de los conjuntos), llegué hasta los bolsones de vestuario de “Los Sordos”, las “Se Nos Canta”, y algunos trajes sueltos de “Los Rebeldes”. Mientras me hacía paso, mi pie derecho se posó sobre algo. Bajé la vista, y allí tenía un montón de viejas perchas (dentro de una bolsa de nylon medio desintegrada). Muchas de diferente tamaño y forma, pero casi todas viejas piezas de madera que sobrevivieron al paso del tiempo. Digamos que fue como una herencia trasmitida de grupo a grupo, porque en ellas hay inscriptos nombres y sobrenombres de compañeros de todas las épocas.

Treinta años han pasado desde que comenzamos la aventura carnavalera con Los Sordos (el primer conjunto de humoristas que tuvo San José). Recuerdo que luego de la Estudiantina “A Toda Trucha” (que sacamos por primera vez en setiembre del 85), comenzó el sueño de llegar algún día al Carnaval montevideano;… pero nos faltaba mucho para tremenda pretensión. Paso a paso era la cosa. Por eso los dos más carismáticos de la barra iniciaron la misión. El Mosco (Alejandro Mayada) y la Chancha (Julio Vázquez), trasmitieron a algunos integrantes de la Comisión Municipal de Fiestas (organizadora de la fiesta popular), nuestro deseo de que se formara la categoría humoristas en el Carnaval Maragato.

Pasaron varias semanas sin novedades, y llegó el verano de 1986. Tras estar cada tarde en la piscina del Frater, el atardecer convocaba a toda la barra en un banco de la plaza frente al Club San José. En esa época todas las barras de adolescentes y jóvenes teníamos uno (que lo hacíamos propio). Cerca del nuestro, estaba el de la barra que llamábamos “Los chicos moto”, en la diagonal de calle Batlle estaba el de la barra del hermano de Bruno Sfeir, y por lo general en el corte del cantero colocaban uno una barra de chicas. Obviamente, ayudarlas a correr el banco, era la excusa perfecta de algunos para quedarse con ellas hasta altas horas. “El franeleo”, le llamábamos. La plaza se llenaba con muchos más grupetes juveniles, con asiento cotidiano fijo en algún sitio.

Una tarde llego algo temprano, y en el banco ya se había instalado Alejandro Cristiani (amigo que a veces se sumaba a nuestra barra). Casi al mismo tiempo arribó el “Cabeza” Marcelo Ferrer, y nos comunicó la novedad de que en la mañana escuchó en la radio 41 el anuncio de la creación de la categoría humoristas. También leyó en el diario Los Principios la publicación de los premios económicos que se darían.  El siguiente en aparecer fue el “Pelo” (Víctor Gadea), y enseguida el “Carancho” (Javier González), y fueron llegando más compañeros. La notica iba contagiando… porque si había buen premio “mejor aún”. El “Cabeza” incentivaba a armarse, pero el balde de agua fría lo tiró el “Mosco”, porque le habían dicho que si no teníamos competencia no se armaba la categoría.  Entonces la eufórica reunión se convirtió en caótica, y Wilson Galoso tuvo la mala fortuna de aparecer por calle Batlle (flechada inversamente a lo actual) en su fusca beige. La gritería no se hizo esperar, y el auto detuvo su marcha frente al “Don Manuel” (local donde hoy funciona el Cambio San José). Rodeado por la muchachada, no le quedó de otra que escuchar a los protestantes, que igualmente querían competir aunque no tuviesen rivales. Prometió plantearle el tema a sus compañeros de la Comisión de Fiestas; y el escarabajo partió roncando perdiéndose en la bajada de 25 de mayo.

Unos días después, otra tardecita de enero nos encontraba en el banco de la plaza, y  aparece Wilson (esta vez, caminando desde el lado del Teatro Macció), para comunicarnos que se anotaría otro conjunto en la categoría. Dicho grupo tenía como componentes a algunos conocidos personajes que frecuentaban la zona lupanar maragata (la orquesta completa era la responsable de hacer sonar las cumbias cada noche en los “kekos”). El nombre original del grupo era “Ahí va Celina en la Punta”, y como se lo censuraban finalmente le pondrían “Celina en la Punta”.

Alegría total para la barra. Y allí mismo, en la sentadera del banco (que frecuentemente nos hacía de mesa creativa), se comenzaron a anotar los posibles nombres para nuestro grupo. El “humo blanco” no se veía por ningún lado. Avanzaba la construcción del espectáculo, y un día alguno de nosotros (no recuerdo quién) hizo referencia a una frase repetida por nuestro guitarrista “Carancho” González: “no agarran un tono, son todos sordos, no pueden cantar”.  Ahí estaba el nombre que tenía identidad con nuestra existencia. Desde ese momento comenzamos a ser “La barra de Los Sordos” y el conjunto “Humoristas Los Sordos”.

La idea era no repetir las malas experiencias del proceso de la Estudiantina “A Toda Trucha”, por lo cual surgieron diferencias y varios decidimos dar un paso al costado y aceptar invitaciones de otros conjuntos. Así, el Carnaval 86 nos encontró divididos sobre el escenario entre las murgas juveniles “La Revancha” y “Los Rebeldes”, y los humoristas “Los Sordos”. También algunos armaron una propuesta humorística reducida para hacer en tablados, y otros no salieron en ningún conjunto. Más allá de todo eso, la barra se seguía reuniendo en el banco de la plaza cada tarde hasta la hora que comenzaban los respectivos ensayos, y se reencontraba después de éstos en aquel sitio del centro maragato. Difícilmente regresábamos a casa antes de las tres de la mañana.

Había que llenar los cupos de integrantes para poder inscribirse, por lo cuál se invitó a algún conocido que habitualmente no era parte de la barra, y dos de nuestros ídolos de entonces: Alvaro Navia y Fernando Calzada (componentes de la Estudiantina No hay Do Sin Re). Aceptaron encantados (primera experiencia carnavalera para “Alvarito”). Y para llenar el cupo restante se invitó a un pibe recientemente llegado a la ciudad proveniente de la zona de Cagancha. Éste era el novio de una de las chicas del banco de la plaza; se llamaba Fernando Dianesi y lo habíamos apodado como “El Canario”. Creo que nunca se le había ocurrido subirse a un escenario… (y nosotros no teníamos la menor idea de si actuaba o cantaba algo, porque lo que interesaba era poner un nombre en la lista para poder inscribirnos). El destino quiso que hoy, Fernando sea un profesional del teatro, y actor permanente de la Comedia Nacional.

Pero… ¿qué tiene que ver la percha “mágica” con todo esto que se cuenta?

En una noche inolvidable del 86, se presentaba en el concurso del carnaval maragato, el primer conjunto de humoristas de la historia. Exaltaba la elegancia del vestuario de Los Sordos en la retirada, la presencia de bastones. Pero el improvisado camarín que se armaba detrás del pequeño tablado (que funcionaba como escenario del concurso en el Estadio), colaboraba para el desorden del propio artista. Fue así que “Avarito” Navia perdió su bastón, y no tuvo mejor idea que sustituirlo por una “percha”. La emotiva retirada se trasformó en humorada, y aumentó la ovación del final. ¡Todo un éxito!

Pasaron los años, las actuaciones, y los conjuntos… y en el 2004 logramos cumplir el sueño adolescente, de llegar a actuar con Los Sordos sobre las tablas del Teatro de Verano en el concurso del carnaval montevideano. Esa noche también fue especial y sobre todo “mágica”. No estábamos todos los viejos Sordos sobre el escenario, pero igualmente todos estaban cerca. El “Carancho” había sido el encargado de los arreglos corales y musicales, pero no subía a escena. Igualmente teníamos un cupo, y lo habíamos anotado por si acaso. Estábamos a minutos de que se abriera el telón y surge un gran problema en la banda musical con el órgano. No había forma de hacerlo sonar (estaba muerto). Milagrosamente aparece el “Carancho” en el Teatro de Verano (porque se le había suspendido una actuación particular que realizaría con su grupo musical), y se le comunica el problema. Ingresa al escenario mientras en los parlantes se escuchaba la voz de “El Boyero”. El animador del Teatro anunciaba el comienzo de la actuación del conjunto, y nuestro experiente compañero levanta el órgano para dejarlo sin contacto con el suelo (recordando la anécdota de un colega sobre pisos imantados). El telón ya se abría y el órgano comenzó a sonar inmediatamente. “Carancho” le pide parte del vestuario a nuestro batero (el “Buque” Abreu) ya que éste podría disimular lo faltante detrás de su instrumento. Mientras se viste como puede tapado por la escenografía, toma un cencerro de la utilería de Los Diablos Verdes (conjunto que actuaría después de nosotros). Como no encuentra palillo para golpear el elemento, agarra una “percha” y se suma a la orquesta en escena.

Nuevamente… ¡Todo un éxito!

Ahora la historia se repetía en el “templo de Momo”.

¡La percha “mágica” nuevamente estaba ahí, protegiendo a Los Sordos!

-x-

Con cámara en mano en la Fiesta del Mate

Soy Alejandro Cortalezzi, nacido en San José, y “gran maragato”. Aclaro esto, ya que creo que ser maragato es “un sentimiento”: porque hay muchos “maragatos” que conozco que no nacieron en San José de Mayo, y son más maragatos que muchos de los nuestros.

Mi verdadera profesión es la Gestión Cultural (la llevo en la sangre desde siempre y la ejerzo desde mi adolescencia sin saber que así se llamaba y que era una profesión como cualquier otra). Y como para mi país es algo bastante nuevo, lo más parecido que encontré en mis tiempos jóvenes (allá por fines de los 80) fue estudiar la tecnicatura en Comunicación Social y después la Licenciatura en Comunicación. Y al fin de cuentas, de cierta forma son profesiones que están en permanente contacto y se complementan. También siempre mi pasión fue la cámara fílmica. Tuve oportunidad de trabajar profesionalmente durante 14 años en uno de los tres grandes canales de Montevideo, pero me tocó hacer cosas volcadas a lo creativo y edición. Por lo cuál cuando regresé a mi pueblo a trabajar en medios, me saqué las ganas y generalmente hago de camarógrafo de los programas de Tv que produzco con otros compañeros (agradezco a Fede Fernández por la foto del perfil). En gran parte de mi vida he estado vinculado a conjuntos del carnaval de San José y otros que fueron a concursar a Montevideo (en ellos fui: utilero, coordinador, guionista, corista, asistente de dirección, productor publicitario, iluminador, y director responsable… De todo menos bailar… ja ja, porque es mi punto más débil).

La vida es una caja de sorpresas, y uno nunca sabe qué se terminará haciendo. Nunca imaginé que tendría una hija que jugara al fútbol, y mucho menos que yo terminaría siendo gestor del fútbol femenino y orientador técnico. Y por suerte en el club más grandioso: Club Nacional de Fútbol de San José. Pero  para que no se enoje “el Chongo” (César Reyes) les confieso que parte de mi corazón está en el querido Atlanta El Gráfico (mi segundo Club); desde cuando sólo se llamaba Atlanta (y disfrutaba mis días en la zona de Herrera y Rivera, durante los últimos años de mi infancia y toda mi adolescencia).

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1 Comment

  1. Mercedes Barcelona

    28 marzo 2016, 10:48 pm

    Que gran historia las primeras actuaciones de los sordos! Felicidades escritor! Has captado en escencia el sentir del carnavalero y su credo, yo q tengo un papa q estuvo en la vieja salsa se bien lo q es sacrificarse x lo q uno ama, y hoy en dia lo hago tambien en la cultura. Maravillosos relatos! Esperamos más!!!

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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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