Setiembre 2007

Hace unas semanas atrás estaba de conversaciones con un colega que ha tenido la oportunidad, a costo de su esfuerzo y trabajo, de recorrer varias ciudades del mundo. Más precisamente me contaba de su última experiencia en Japón. Entre conversaciones me decía que a veces no se le hace fluido poder contarle a la gente su experiencia, aunque sean cercanos, por no parecer presumido o pedante.

El Bloque F1
El Bloque F1

Eso mismo en algún momento me lo plantaba antes de hacer comentarios con familiares, amigos u otras personas. Es que muchas veces te encontrabas viendo una película y pensabas “¡pa…yo estuve ahí!” Y de repente eso que para vos es una emoción y alegría para otro puede ser “que personaje este valor”, y te lo terminás callando.

A medida que fue pasando el tiempo me di cuenta que no es así. Cuando uno lo transmite desde el interior y con toda la buena intención nunca va a ser razón de tener ese tipo de comentario por parte de los receptores. Antes de comenzar a escribir ante conocidos y extraños me lo volví a plantear, y las razones no son más ni menos que las expresadas en mi primer posteo titulado “La Motivación”.

Al escribir este posteo sentí que podía caer en expresiones que pudieran ser recibidas de esa forma por quienes recién se unen a esta lectura, y es por eso que me debía hacer esa introducción para los que no me conocen.

Cuando realizas un viaje por gran parte del mundo es difícil poder identificar un “happening”, un hecho notable que fuera el destacable sobre el Todo. Es que Todo era destacable para mí; aterrizar en Buenos Aires, ver la Siberia, las playas de Grecia, comer un Frankfruter en Frankfruter Alle, y traerme un recipiente de arena de Melilla.

Personalmente antes de embarcarme en todo esto lo más lejos que estuve de mi hogar de San José y Montevideo fue cruzar la frontera de Uruguay/Brasil en el Chuy, en aquellos años a fines de los ’80 y principios de los’90 donde “vagalleabamos”.

La verdad que no recuerdo para qué nos llevaban. Mis primos Víctor, Chongo y yo no teníamos más de 10 años, y ocupábamos lugar al cuete que bien podía ser ocupado por yerba Flor Verde, aceite, whisky Old Bridge 24, o paquetes de galletitas acarameladas, elementos que solían ocupar aquel Volkswagen Passat del abuelo Amalio en interminables viajes de por lo menos 7hs. de ruta.

Así y todo nuestro happening por el Todo apareció.

Ya lo veníamos reojeando desde hacía unos días, hasta que la noche del 3 de Setiembre tomamos la decisión. ¡Nos vamos a la Fórmula 1!

Estábamos en Budapest, y la tirada entre esa ciudad y Monza era de más o menos 1.200 km., y teníamos que hacerla en dos días. Decidimos dejar “la Camio” en el Service oficial de Renault porque venía ya del trajín de medio viaje y montañas escandinavas, y que quedara pronta para el viaje.

El mediodía del 6 de Setiembre partimos para Monza.

El viaje no fue fácil. Debimos atravesar el lado Este de los Alpes, y otra cadena montañosa menor en la zona de Austria, donde hicimos nuestra parada técnica en un campado frente a una estación de servicio.

El 7 a la noche estábamos en Monza. Dimos con un predio cercano a la pista donde acampaban todos los fanáticos de los “fierros”, y nos preparamos para la carrera.

Cuando llegamos y hasta la noche anterior a la carrera no tenía pensado entrar al circuito. Me pesaba el gasto de la entrada y estaba contando los euros para llegar al fin de mes. Finalmente me convencí. Éramos un grupo unido y la íbamos a sacar adelante, con plata o sin plata.

Me acordé de mi tío Roberto y lo que podía llegar a dar por estar en la pista, viendo a los monoplazas que solíamos ver de chicos con él en canal 4, con el relato de Mario Uberti, en aquellos años en que la televisión por cable era una utopía.

Mi tío es un fanático de las ruedas. Con él íbamos a ver a los kart, las cachilas que nos embarraban hasta la parte de adentro de los párpados, el rally local y las motocross.

Estando en Monza sentí que se lo debía, de alguna forma yo lo iba a estar representando en uno de los circuitos más importantes del mundo de la Fórmula 1.

03 la parabolica
La Parabólica

La mañana del domingo salimos “rumbo a la cancha”. Todo era una fiesta. Las calles estaban teñidas de rojo y amarillo con gorros y banderas de Il Cavallino. Ese año piloteaban la escudería Kimi y Filipinho.

Nos instalamos en la curva 11, La Curva Parabólica. Una curva cerrada de 180° luego de una de las rectas más importantes. Los monoplazas venían a toda su velocidad y a unos 150 metros metían unos rebajes matadores para poder tomar la curva si despistarse.

Cuando rebajaban los motores explotaban con un sonido indescriptible. Antes de entrar te daban junto al ticket unos tapones para los oídos, que por supuesto obviamos usar desde el arranque. Esa obviedad nos duró 20”. Una vez que pasó el primer auto nos dimos cuenta que eran imprescindibles. Desde la tribuna en la que estábamos podíamos ver a los bólidos aferrados al asfalto como una tromba y dejar tambaleando los carteles con el viento que producían.

La tarde era hermosa y fue todo una fiesta. Le espectáculo comenzaba con una carrera corta de autos sport de la línea Porsche, luego se presentaba a los corredores que eran paseados en una chata tirada por un tractor, y después comenzaba la carrera.

La Carrera la ganó la escudería MacLaren, que con Alonzo y Hamilton andaban volando. Le sacaron gran ventaja al resto metiendo un “uno dos”

Después de terminada la carrera abrieron las puertas del enrejado y todo el mundo a la pista rumbo a los boxes y set de premiación. Todo es muy rápido, cuando llegamos ya no quedaba ni el olor a la champaña.

Toda una fiesta, con los polacos en la parte alta de la algarabía. Estaban sacadísimos ya desde la noche anterior fanatizados con Kubica que aquel día lograba puntos llegando en 6to lugar.

Nos volvimos recogiendo pedazos de caucho que van quedando en el áspero asfalto de la pista y agitando nuestra bandera de Uruguay, diciendo presente en Monza, en lo que para nosotros fue Nuestro Happening.

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Escrito por

Gabelo

Si cualquier día corriente de nuestras vidas podemos vivir un hecho que se convertirá en anécdota, imaginá todas las que podés recabar si das la vuelta al mundo. Eso que parece tan loco Gabelo ya lo hizo por nosotros, y de ahora en más compartirá sus vivencias a través de posteos semanales en semecanta.com

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About Me

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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