Él se autoproclamó “duende del barrio” y se hace llamar “el Pibe Tigre”, porque le gusta la canción del mismo nombre que interpreta la banda de heavy metal argentino “Almafuerte”.

Son pocos los que conocen estos datos de uno de los seres más emblemáticos del barrio Colón de San José de Mayo, y muchos menos los que saben que su verdadero nombre es Gerardo. En realidad todos los conocen como: “El Nana”.

Es flaco como una espiga de trigo, tiene los pelos largos y chuzos y ha ido perdiendo muchas de sus piezas dentales en la mordida del refuerzo de la vida.

Pese a que muchos piensan que se viste “como puede”, yo sé que se viste “como quiere”, porque le chupa un huevo el esquema de indumentaria socialmente correcto. La última vez que estuvo conmigo fue la noche del 4 de enero, se había puesto unas zapatillas con medias que le cubrían un poco más arriba de los tobillos, bermuda verde, camisa amarilla de mangas largas y, debajo de ésta, una remera negra.

Es peculiar la pose “charlygarciesca” que adopta cuando se sienta cruzado de piernas mientras quema un faso. Visto desde atrás, cuando se sienta en el cordón de la esquina de Vázquez y Barreiro, su silueta se asemeja a la de los gorriones cuando se acurrucan en las tardes lluviosas de otoño, con la cabeza como escondida entre los hombros.

Es hincha de Atlanta El Gráfico, el club del barrio. Juntos hemos parado en las canchas más bravas de la “B” haciéndole el aguante al “fusionado del Colón”. Algunas veces volvimos juntos, tomando una, festejando alguna que otra victoria, pero más nos unían las copas que devienen de las derrotas, esas que se comparten con los que sienten la misma frustración que uno. Por lo general estas rondas reúnen a muchos menos parroquianos que las primeras que saben a triunfo.

Muchas veces, el silencio de las madrugadas que invade las calles del barrio como un fantasma azul, es destrozado por un “¿¡QUÉ TE PASA A VOS GIL DE MIERDA!? ¿¡ME QUERÉS PEGAR SORETE!? ¡PEGAMEEEEE!”, grito que pronunciado con la voz rasposa del Nana con un pedo hasta las patas, más que alarma provoca risa.

Quienes lo hemos visto en ese trance apreciamos cómo al momento de pronunciar las frases antes mencionadas se pone como esos gallitos que cacarean en las mañanas, estirando el cogote enrojecido, procurando que su grito llegue a la mayor cantidad de oídos posibles.

Recuerdo algunas charlas memorables con el Nana. Una vez, mientras compartíamos un vino en caja en la esquina junto al Toto y al Canario, nos dijo algo así:

                                                      “Yo me voy a morir en dos años (ya pasaron como cinco). Ustedes para recordarme tienen que comprar una damajuana grande de vino y tomarla acá, en esta esquina. En ese momento yo me les voy a aparecer como un fantasma, me voy a acercar y les voy a decir que no tomen, que eso es malo, que yo me morí por eso. En realidad esa va a ser una mentira, se los voy a decir para tomarles todo el vino…”

Quizá es por estas particularidades que muchos le adjudican acciones que yo, como lo considero amigo y lo conozco, me atrevo a negar de manera contundente. Es más, contribuye más a la sociedad que muchos que lo critican de mala manera.

No hace mucho, a escondidas del hermano que tiene una empresa de limpieza de jardines, agarró una maquina de cortar césped y la pasó por todo el campito que está junto a su casa, en la esquina de las calles Barreiro y Chucarro.

Ahí jugábamos y soñamos con ser astros del fútbol mundial los chicos que hoy pasamos largo los treinta años de edad. Pero, maravillosamente, también en la actualidad, lo hacen unos cuantos pibes del barrio. Nadie destacó ese gesto del Nana para un escenario en el que la ilusión florece, desde hace décadas, en cada puntazo dado a una pelota de fútbol.

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La última anécdota con el Nana se registró hace pocas semanas atrás, cuando el año 2015 quemaba sus últimas horas. Salimos juntos de la sede de Atlanta El Gráfico, con unas cuantas cervezas arriba que con el calor de diciembre pasaron como agua.

Caminamos por calle Chucarro y en determinado momento le dije:

     – ¡Linda camisa pegaste hoy Nana!

Inmediatamente veo como enredaba sus brazos elásticos de acá para allá, desprendiéndose como podía la prenda alagada. Pensé que se la estaba sacando por el calor del verano, por lo que me sorprendió al estirar la mano y decirme:

 – Tomala tarao´, ¿yo pa´qué la quiero?

Ese gesto pintó en cuerpo y alma lo que es el Nana en cuanto a desapego a lo material, y su alto sentido de solidaridad. Un gesto de amistad verdadera. De hacer cumplir con hechos ese dicho que reza: “por vos me quedo en pelotas”.

Sin dudarlo acepté, pero consideré justo hacer un trueque, su camisa por mi camiseta, y así lo hicimos. Ahora la camisa azul con pintitas blancas está en Ecuador, desengañándome, una vez más, que lo que importa no es la pilcha, sino la percha, y las medidas del Nana son únicas en el mundo.

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Esto lo escribió César Reyes 


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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

8 Comments

  1. Fair play a la vida

  2. Desprendimiento total. Buena enaeñanza.
    No pares de eacribir.

  3. Notable Relato César!
    Como otros tantos que he leído por acá.
    Me gustaría en un futuro cercano, coordinar para hacer una nota para la Radio.
    Saludos y Gracias!

  4. Tantos recuerdos! El vino cortado y el fogon en el campito a las 5 de la mañana y la madre del nana se levantaba a echarnos de la esquina después de salir del 30 y pico. Que tiempos aquellos !cuando nos hicimos tan grandes?

  5. Yo también conozco muy bien “al nana”, y es tal cual lo describís! Solo te faltó agregar q es un padre para sacarse el sombrero, porque se hizo cargo de su hija cuando la madre la abandonó… Tiene un corazón inmenso y más allá de los golpes q ha recibido en la vida, nunca bajó los brazos ni se dejó vencer! Es una persona maravillosa y siempre está cuando lo necesitas. Yo hace 20 años q lo conozco y lo considero ( junto al Chico) unos de mis grandes amigos q la vida me dió. Gracias por éste artículo Chongo! Es así, tal cual lo describís. El da sin pedir nada a cambio. Lo adoro con el alma! Q grande! ” El nana”..

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