Todo en mi casa estaba normal, como siempre. Todo estaba como era normal para mí, aunque hacía algún tiempo, algo había cambiado y no acertaba a saber qué.

De todos modos lograba sentirme bastante cómodo estando allí, como si en verdad todo estuviera como siempre.

Algunas veces llegué a sospechar que mi percepción de las cosas tomaba matices distintos.

Cosas muy variadas, como sentir la cabeza algo más liviana, ver cómo los objetos de mi casa se iban aplanando al tiempo que los miraba, olores extraños, no precisamente exóticos y un juego de sombras en la pared opuesta a la ventana a la hora del atardecer. Pero si voy a ser honesto, no lo puedo contar como algo raro porque después descubrí que era un truco con un espejo que hacía la vecina al otro lado de la calle, convencida supongo, que con ello iba a captar mi atención. Por suerte ese fenómeno no duró más de veintiún días, siete horas y tres minutos.

Otro día comencé a pensar que la tele fuera la responsable. Hace poco la cambié de lugar y como está algo vieja y con nanas, puede no haberle gustado. Sigue haciendo lo mismo: cambia de color a blanco y negro y tiene una raya horizontal que viaja de arriba abajo, pero yo la veo distinta, no sé.

O pudo haber sido un documental que vi a medias. Ya estaba empezado y no entendí muy bien de qué se trataba. Había un médico o investigador científico que hablaba de la pérdida de neuronas y por consiguiente de masa cerebral como consecuencia de una enfermedad mental. Mencionó la esquizofrenia, creo, sus etapas de avance y el deterioro emocional y físico. Pero como yo no había elegido el canal ni el programa, deduje que era la tele la interesada en el tema. Ella hace esas cosas a veces.

En la cocina, sí, la situación es más clara: la heladera no está funcionando bien. Lo raro es el freezer; no es que haya dejado de cumplir su función. Sigue congelando como debe ser.

El problema está en la velocidad de descongelado, sólo con sacar unos segundos algo de él, lo que sea, comienza a gotear. Y yo tengo muy claro que no se puede interrumpir la cadena de frío. De modo que con el correr de los días he ido pensando muy bien qué cosas quiero sacar para no echar a perder nada. He llegado a buscar la forma de no abrirlo.

Sobre todo después de aquel día que convencido de estar alucinando y haciendo un gran esfuerzo para apartar de mí la condición de alucinante (que según dicen es irreversible), decidí reordenar el freezer todo de una vez para no perder tiempo sacando y poniendo cosas.

Todavía revivo esa situación con bastante angustia. Estaba a punto de tirar algunos duelos muy viejos o vencidos, cuando uno de ellos comenzó a descongelarse en mi mano rápidamente. Lo coloqué en un recipiente para no perder una gota de dolor pero el olor se hizo nauseabundo como si al mismo tiempo se fuera descomponiendo. Se me cayó al piso y se deshizo en miles de bolitas que se diseminaron por toda la cocina como cuando cae una gota de mercurio: era imposible reunirlas a todas otra vez.

El freezer quedó abierto, los duelos se ablandaban y chorreaban y olían y en pocos segundos quedó todo fuera de control. Algunos pude recuperar y poner en recipientes, pero perdieron su forma original, las etiquetas se mezclaron y ya no los reconozco.

Leny

  1. Dic. 2012
    ….
    1) Agotado, me fui de la cocina. Trastabillaba como si también yo me fuera ablandando, chorreando, destilando pestilencias. Me tiré en el sillón.

Me sentí mojado, ajeno a mí, cómo si pudiera verme desde afuera. Mis manos se desdibujaban y no había buen olor en la casa, sentí que no podía resistir más el deshielo, cuando por fin oí la llave en la cerradura. Ya podía deshacerme en mil de bolitas.

  1. Quería limpiar mis manos y no había agua que las lavara. Pensé que cuando él viniera lo primero que haría sería revisar el freezer. Reconocí que el desasosiego se debía al desorden y luego tuve que agregar la culpa, sentimiento poco conocido en mi vida. La culpa se reconoce fácilmente en el rostro de las personas, siempre. Sobre todo cuando decimos:” tú tienes la culpa de que me sienta así!” O” Mira lo que me has hecho hacer!” O “si hubieras estado aquí, esto no habría sucedido”.

Voy al sillón en un intento de restaurar la normalidad. De frente el ventanal, a su izquierda la tele que ha vuelto a su lugar original para que no extrañe, aunque ahora sufre de mutismo selectivo.

El día va terminando y yo estoy congelado calibrando la culpa por la pérdida del orden natural de las cosas en mi casa. Ya no soy el celador inmisericorde. Cuando vengan por mí voy a tener que rendir cuentas.

Sé que está por llegar, sé que en breve voy a oír la llave girar en la cerradura. Quiero levantarme a encender una lámpara pero estoy chorreando y huelo mal.

Oct. 2013

-x-

LenyNombre: Leny Ernst

Fecha de Nacimiento: 5 de agosto del siglo pasado.
Lugar de Nacimiento: Nueva Helvecia (cuando todavía era Nueva).
Proveniente de una familia de Protestantes (por ambas líneas).
Recibió educación Primaria en una escuela privada religiosa protestante. Recibió educación secundaria en un Instituto de internación religiosa protestante. No recibió educación terciaria en la misma línea porque protestó. De niña, quería ser actriz. Después decidió que era más interesante escribir y que otra persona se tomara el trabajo de la interpretación. Había en mi casa un arcón con libros que no debía leer “porque no tienes el criterio suficiente” según la cantaleta de mi madre. Eran los únicos interesantes. Lectora desde niña. Escritora Protestante.

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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