Suenan los acordes de la banda del circo, empieza la gran madeja del entretenimiento a desenredarse por la pista.

Lanza sus cuchillos hacia mí, con precisión delineando mi cuerpo, se clavan sobre el disco donde estoy girando y soy carnada viva.

Suenan los aplausos, retomo la respiración, vuelvo a vivir hasta la próxima función.

La nebulosa del circo me atrapó, y me apunta como revolver todas las noches, sintiendo que juego un juego macabro, como un equilibrista sobre la cuerda sin red.

Pienso que no importa caer eternamente en el miedo sostenido de ser un maniquí, un número circense.

Mi figura se transforma en todas las pupilas cuando estoy girando, temen por mí, y mil almas caen en el aplauso fogoso del cuchillo clavándose en su ángulo perfecto.

Los perros aúllan presintiendo lo malo al acecho, nosotros los humanos, lívidos, impávidos.

No sentimos ni nuestro propio corazón latir, necesitamos escapar de nuestro propio tedio, y así nos pintamos la cara para parecer lo que no somos, para que rían todos aquellos que saben hacerlo, mientras tu yo oculto te aniquila con preguntas sin respuesta.

Somos navegantes sin alma en los océanos vacíos del desamor.

Buscamos la sonrisa, la complacencia en los otros, cuando no podemos estar frente al espejo ni un segundo por el miedo de ver tu propia máscara.

Cada noche es una función para asistir a la entrada del mundo de las fábulas, de la fantasía

Para ser paracaidista de arenas movedizas.

Quiero ser como tú casual, normal caminar por la calle sin apuro verme en las vidrieras, comer muchos helados y dormir por las noches, quiero vivir de día desde que amanece no perderme ni un solo rayito de sol, ser la que era antes de ser un maniquí, una estrella de circo de linda figura, sin engordar un gramo para no romper las lentejuelas.

Tal vez quiero ser tonta, y ser feliz solo con arrojar miguitas de pan a las palomas, y que mi cielo no sea una lona, comer bajo de un árbol y ensuciarme la cara y que me miren, eso no importa, estoy bloqueada de miradas indecentes.

Hay una distancia grande y absoluta, entre ellos y yo.

Yo puedo diluirme, en la nada y el todo, y buscar lo que ellos desprecian por barato, lo que a ellos no les alcanza, a mí me sobraría.

Ser una lágrima gigante no me importaría, si al final yo sé que el desconsuelo de mí se aburriría y me dejaría sola.

Para buscar aquel dios, que en mi mente vive aún, aunque pocas veces lo he visitado y preguntarle, si él mandó a los ladrones de pensamientos a robar los míos.

-x-

Teresita CabreraMe llamo Teresita Raquel Cabrera De Paula. Nací en San José en el mes de Julio, el día 12. Mi mejor obra y orgullo son mis dos hijos, uno de los cuales tiene el don de transmitir en la escritura cosas maravillosas, la otra, lo hace a través de las palabras.

Tuve la suerte de traer conmigo el amor por las letras. Mi primer amor fue la poesía, con Neruda y Machado, también Benedetti. Actualmente sigo a Cortázar, Gabriel García Márquez, Coelho, entre otros.

Fui criada en el campo, espacio que desde pequeña forjó en mí el amor por los animales y la naturaleza, y ese silencio que sólo allí se encuentra y al que muchas veces vuelvo en mi mente para encontrar la reflexión e inspiración.

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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