En las noches de verano allá en el pequeño pueblo dormíamos con las ventanas abiertas para disfrutar al máximo del fresco nocturno.

Adoraba ver el cielo sembrado de estrellas en los cuadros de las ventanas.

La nuestra era pequeña así que teníamos muy pocas para ver, en cambio el ventanal del frente del cuarto de mis padres era enorme, de esas bien antiguas y que tienen un pequeño balcón con una reja de hierro.

Por allí sí que se veía cielo, y muchas, muchas estrellas, hasta la luna iluminaba algunas noches, transformando la habitación, dando a los objetos brillos, colores y formas mágicas.

Una mañana mamá nos contó que había tenido un sueño raro y feo, aunque en realidad no estaba muy segura si fue un sueño o de verdad sucedió. Se había dormido y su mismo ronquido la despertó, había luna casi llena y todo se veía muy claro menos una sombra alargada y fina parada en la ventana. Ella muy asustada se sentó y haciendo un esfuerzo logra decirle “¡AQUÍ NO, SIGA, SIGA DE LARGO!”.

– ¿Y que sería eso mamá? , le preguntamos asustados, recibiendo por respuesta un: “Y no sé, tal vez lo soñé”.

A eso de las diez y media avisaron que muy temprano en la mañana se había muerto un vecino de la misma cuadra.

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luzLuces

Nuestro rancho estaba cerca de las Piedras Grandes .Habían muchas piedras por allí, pero sólo estas tenían nombre propio.

Eran realmente grandes, de diferentes grises, pobladas de árboles nativos, achaparrados y duros que nacían en las grietas.

También tenían una especie de pequeñas fuentes que cuando llovía se llenaban de agua limpia con la que lavábamos ropa y donde los pájaros se bañaban.

Adoraba tenderme y ver como en aquel espejo de agua lograba atrapar un trozo de cielo y por las noches mientras cazábamos luciérnagas, alguna vez también atrapé la luna y hasta alguna estrella brillante y lejana.

Un día cualquiera nos prohibieron nuestros padres jugar allí después de la entrada del sol. ¿Y por qué no podemos jugar?

Yo no tengo miedo, ni yo, dijo mi hermana mayor, menos yo, dijo el varón. Y cuando vengan los primos, ¿tampoco podemos ir?

No, hay que esperar a ver si descubren qué son esas luces nocturnas que más de un vecino ha visto en las noches sin luna.

Toda clase de conjeturas surgieron de aquella conversación.

Me sentía tranquila cuando por las noches cerrábamos muy bien las ventanas que daban a las Piedras Grandes.

Días después, mientras mamá lavaba la ropa, nosotros nos divertíamos creando fantasmas para asustarnos. De pronto mi hermano gritó: ¡VENGAN, VENGAN QUE ENCONTRÉ UNA COSA RARA! Corrimos hacia donde pensamos que estaba pero no lo hallamos.

– ¿Dónde estás?– Preguntamos.

– Aquí, aquí, en la cueva – respondió él.

Dimos una vuelta alrededor de la piedra y con asombro vimos que en una grieta hecha por los troncos de los árboles se había abierto una especie de cueva bastante profunda, capaz de encerrar nuestros cuerpos de menos de diez años. Acordamos guardar el secreto.

Dos meses después nos mudamos al pueblo cercano. Las luces y aquella extraña cueva quedaron para siempre en la nebulosa de la niñez.

Dicen que las luces se siguen viendo en las noches sin luna y que son almas que vagan porque aún no se han ido al más allá.

Para los vecinos que quedan por allí no son motivo de miedo, pero todos guardan un respetuoso silencio sobre el tema.

Después de todo hace tanto que andan ellas por allí que tienen todo el derecho de quedarse para siempre.

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NancyNancy Pino Chapper vive en la ciudad de San José de Mayo- Uruguay. Ha escrito tres libros de cuentos y poesía. Se ha formado con grandes de la literatura josefina como Abel Soria, Cristina Callorda y Pedro Peña.

En el presente 2015 incursionó en el mundo del teatro y las artes plásticas, lo que deja en evidencia su ímpetu contante por aprender siempre, pese a los achaques de una artrosis incipiente que a otros ya los habría dejado besando la lona.

Su poeta favorito es Miguel Hernández pese a que reconoce que también le gusta mucho Felisberto.

Hoy nos regala dos cuentos.

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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