Acceso a la estacion de Kanasawa
Acceso a la Estación de Kanasawa

Miércoles 9 de Mayo 2007

Primer día de mi Viaje. Ya había degustado mi pan cilíndrico cremoso con jamón y la chocolatada en caja.

Preparamos la mochila y cámara de fotos y partimos rumbo a la Central Station de Kyoto, a las 9 am nos esperaban los docentes y el resto de compañeros que estaban en diferentes hostales.

De día las distancias son más amables, sobre todo cuando elijes el mejor recorrido.

Caminamos solo 15 cuadras (reales) y estábamos en la estación de tren local que nos depositaría en la Central Station, y ahí nos tomamos el Shinkansen que nos dejaría en Kanasawa, ciudad a unos 350 km al Norte de Kyoto.

Copamos las instalaciones, así que nos repartimos en los diferentes pasillos del tren. Luego de una hora y poco estábamos en la estación de Kanasawa.

Sorprendidos nuevamente por la estación de trenes, era fantástica. Un amplio espacio techado acristalado cubría la salida generando espacios entre el afuera y adentro.
El acceso a este espacio era con una representación de los antiguos portales nipones, toda trabajada en piezas de madera.

El primer destino era el museo de Kasujo Sejima, la arquitecta admirada por el grupo docente. Esta sería la primera y última vez que encararía una jornada de viaje con ellos. Para muestra un botón.

En el camino a pie hasta el Museo nos vimos sorprendidos por la ciudad. Era una especie de “Playmobil”.

La limpieza de las calles, las aceras. Los pavimentos de calles eran de asfaltos de colores, mayormente en tonos morados. ¡Los vehículos no emitían sonidos! No se escuchaban ruidos de motor, bocinas, no había gritos en las calles, nada nada nada.

Nos cruzamos con un grupo de escolares que se movían en conjunto, con sus gorritos amarillos y mochilas azules. Todos iguales, caminando si desmanes, sin “chichonadas” … unos muñecos. Kanasawa parecía de juguete.

Luego de visitar el Museo, tomar unas fotos y aburrirnos un rato de esperar cuál sería el nuevo movimiento que haríamos como gran grupo de casi 120 personas, los bloquenses decidimos tomar nuestro propio camino y nos fuimos a buscar almuerzo.

Con ganas de explorar la cultura asiática, me abastecí de una bandeja con diferentes productos locales, y junto al grupo, ya reducido a 10 personas, nos apostamos en el reparo de una vidriera y en la acera para comer. Los transeúntes se veían alarmados y sorprendidos de ver gente sentada en ronda comiendo en el suelo.

Si ellos supieran que ese suelo era mucho más limpio que el apartamento todo donde vivíamos con unos amigos de la vida en Montevideo jaja.

De la bandeja de comida fantástica, rescato solo el arroz. Lo demás lo comí igual, pero era más por tesón y hambre que por gusto. Bueno, comí casi todo. Algo que decidí bautizar como “ojos de mono” no lo comí. Y no le puse ojos de mono por jocoso, sino porque tengo la duda aún sino eran ojos de mono.

Después de tener la atención de todos los peatones, que veían como un grupo de occidentales se desparramaban en la calle para comer, nos aprestamos a seguir nuevo rumbo.

Nuestro segundo Tarjet era el Templo Kanasawa. Como casi todos los turistas, si vas a una ciudad visitas sus recintos de religión. Iniciamos nuestro camino rumbo a él, con la misión de confinar nuestros desechos alimenticios en algún depósito de basura. ¡Lo increíble es que no encontramos un solo depósito! ¡No existían! ¿Y cómo hacen, si no se ve basura?

Lo único que encontramos fue la papelera de un Kiosco. Como se dice en la jerga futbolística, le llenamos la canasta [Años luego he hablado con otros compañeros que viajaron después que yo y siguieron teniendo la misma situación en esta ciudad]. La amable señora del Kiosco, pese a tener la canasta llena, nos atendió amablemente y nos ofreció un mapa de la ciudad. Ahora sí, fue como un despertar.

En las afueras del templo las siempre ocurrentes fotos haciendo poses ninja, que no importa el lugar donde estés, la pose ninja es válida en todas las ocasiones.

Barrio de las Geishas
Barrio de las Geishas

El siguiente “punto notable” en el mapa era el barrio de Geishas del antiguo imperio.

Shermann-Schumacher, en una desprevención del pelotón, picó por la punta y nos sacó unos 1200 metros de distancia. Era el aviso del puntero, que en el resto de Japón no lo volvimos a ver, ya que salía antes que nos levantáramos y estaba durmiendo para cuando llegábamos.

El antiguo barrio de Geishas era ahora una especie de peatonal con comercios. Una Geisha se nos acercó desde su local, y nos invitó a un juego de bailes mientras te sirven té por tan solo 800 yenes… –“¿tomar té por el 40% de nuestro sustento diario? Chau gracias, el té nos cae pesado”

El recorrido culminaría en “El Templo del Dragón”. Un pequeño recinto que lo tiene todo. Los colgantes de colores, las cañas que hacen ruido con el soplar del viento, una caja donde se piden deseos y se tiran monedas, y un Dragón que escupe agua tal el Puma de Salus, donde bebimos El Agua del Dragón, ¡directamente de su boca! Se levantaba en medio del patio exterior, dominando el espacio ante las miradas de propios y ajenos.

Bajo la “cascada” de agua descansaba una escueta fuente, rodeada por una especie de cucharones de madera. Aparentemente los nipones tomarían agua desde esos cucharones. A nosotros nos pareció poco higiénico, cosa que nos llamó la atención, así que en ésta ocasión [porque más adelante nos encontraríamos con otro Dragón, otra fuente, y otros cucharones], bebimos el agua directamente desde el chorro.

Sentimos que ya nada sería igual, ahora estábamos bañados internamente del nuevo elixir que emanaba de tierras santificadas por los viejos Samurai.

Antes de irnos dejamos nuestra impronta dentro del Templo… Léase impronta al hecho de descalzarse todos luego de haber caminado desde las 7am por toda Kanasawa.Yo creo que es por eso que llenan todo de sahumerios, el olor a pata está complicado.

En el retorno a la estación se suscitaron efemérides que pasaré a relatar.

Dimos con diversos cementerios, que parecen ser barriales, y ocupan un padrón como el de una casa. No tienen indicaciones, entradas, salidas, rejas, nada, solo las lápidas y algunos baldes con agua. ¿Para?

Calles de Kanasawa
Calles de Kanasawa

Encontré algo para El Fede … ¡una “Panzer” japonesa! Así es, estoica bajo una cubierta de tejas se erigía una Honda Mate 70 de color verde, igualita a la del Fede, pero con menos cascotazos, menos cervezas destapadas en horquilla de la rueda, menos kilómetros por la ruta 11 rumbo al norte, menos mates en el parque rodo de San José.

Compré varios paquetes de pañuelos descartables (seguía aun con gripe) que aún conservo, ya que tienen ese sobrecito con letras japonesas, que lo hace mucho más valioso que cualquier otro.

El viaje de regreso fue más liviano de pasajeros y pudimos disfrutar de los asientos del tren bala y tirarnos un cuchilón hasta llegar a Kyoto. A la noche festejaríamos el cumpleaños de Nacho y al otro día visitaríamos Gifu, otra ciudad del Noreste de Japón.

Compartir

Escrito por

Gabelo

Si cualquier día corriente de nuestras vidas podemos vivir un hecho que se convertirá en anécdota, imaginá todas las que podés recabar si das la vuelta al mundo. Eso que parece tan loco Gabelo ya lo hizo por nosotros, y de ahora en más compartirá sus vivencias a través de posteos semanales en semecanta.com

2 Comments

  1. Como siempre Marito excelente!!! A seguir adelante. Salu! El bola. EL BLOQUE 2007

Deja un comentario

Your email address will not be published.Required

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Articulo siguiente

Quizá tambien te interese leer

About Me

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

Subscribete a semecanta