Balanza 2
Por Alejandra Martínez (Conocela al final del post)

Cuando empecé esta travesía pesaba 140 libras, tenía 3 amantes y cinco pestañas (mínimo) abiertas en el chat. Hace 120 días decidí terminar con una relación de 5 años, los por qué y los detalles escabrosos son lo de menos, este hombre, aunque en verdad considerémosle un muchacho, pasa de este tiempo en adelante a pertenecer a los llamados “ex”, cuando lo conocí tenía 22 años y yo 29, me ahorro también la historia de amor a riesgo de perder la perspectiva del cuento, éramos 2 rockeros gorditos, viviendo el momento hasta que nos vimos de pronto haciendo lo que la gente seria llama “hogar”; yo, mujer divorciada 2 veces, con 2 hijos pre adolescentes, no podía creer que había “adoptado” un marido nuevo, realmente son encantadores mis desatinos.

Por cierto, este documento que plantea ser un verdadero libro de balances, empieza, obviamente con el capítulo 1. Etapa de moreliada* intensiva. El pecho duele y pesa 100 libras, ando por la casa reprimiendo 7 suspiros por hora. Entre los 12 “vas a estar bien” y los 23 “es mejor así” que me digo al día, como 2 comidas en lugar de las 6 que acostumbraba. Me sobra 1 ½ plaza de cama. Grito por 5 o 6 tonterías en las tardes de deberes de mis 2 hijos que ahora me parecen 9. He bajado 5 libras. Han pasado 7 días.

Capítulo 2. Etapa de moreliada moderada. Al parecer grito 50 decibeles menos fuerte y vuelvo a tener 2 hijos. El pecho pesa ya 30 libras no más desde que 2 de mis 6 amigas se sentaron en mi cama un domingo a contarme sus tristezas, dándome el pretexto perfecto para llorar 20 litros de mocos y babas. Trabajo 6 horas, comparto con mis críos 1 hora, duermo 12 horas y divago el tiempo restante de mi día. Bajé 7 libras más. Han pasado 30 días.

Capítulo3. Etapa de transición de “Morelia” a “La dura”. Me cambié de trabajo a uno de 10 horas laborables para compensar el déficit económico que ha sido separarse del marido mantenedor (si, el muchacho, trabajaba 100 dólares más fuerte que yo), un día me levanté y decidí que sufrir no alimenta ni viste a mis hijos, que crecen 2 centímetros por día y que han vuelto a “changar” conmigo las noches de “pelis” porque ya solo grito 2 veces al revisar los deberes. Decidí hacer ejercicio 3 veces, decidí no hacerlo 4. Conocí gente nueva; bebo cerveza los fines de semana como cuando me siento feliz; compré una almohada en forma de caramelo a la que abrazo, empierno y llamo “nuevo marido”; me río de los sufridores, es decir de los que se quejan de lo que yo siento sin quejarme; me aferro a la frivolidad y a las relaciones divertidas y vacías que esto conlleva; en total, son 5 herramientas nuevas para disipar el mal momento. Lloro 1 lágrima cada que tengo 5 minutos de descanso. Volví a fijar mi atención en los 2 amantes que me quedan y dejé que 7 pretendientes virtuales se hagan ilusiones de palpar estas 2 nalgas que han bajado 16 libras en total. Han pasado 70 días, pero esta vez casi me olvido de contar.

Capítulo 4. Etapa de frivolidad crónica inicial. Me he permitido enamorarme y desenamorarme 4 veces en todo este periplo. El nuevo ex ha escrito 15 días rogando su regreso y yo he decidido convertirlo nuevamente en 1 más de mis amantes (el favorito, muy a mi pesar), ya tengo 3 otra vez, las reacciones de mis amigas no se hicieron esperar: el 33% de ellas dice que pronto regresaremos, el 33% dice que ojalá regresemos, 17% dice que esto terminará muy mal, el 17% dejó de ser mi amiga en esta atapa, yo digo que puedo jurar 139 veces o más que no volveré a vivir con él pero será lo que el tiempo decida. Bebo 6 cervezas semanales, con ellas, fumo 8 cigarrillos, la resaca me dura 2 días y juro siempre que no tomaré más (ni menos). Me anunciaron que la tienda donde trabajo cerrará así que quedaré desempleada por 68va ocasión, esto es bueno porque el odio hacia mi jefe se ha incrementado en un 75% y esto iba a acabar en úlcera o puñetiza, así que respiro 10 veces y empiezo la búsqueda de nuevo empleo. Me veo al espejo 6 veces en el día, casi no reconozco este cuerpo delgado y fofo, de todas formas me lanzo 2 besos y me piropeo. Este mes olvidé pesarme y no sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que fui una mujer comprometida.

Capítulo 5. Etapa de cronicidad (Todo lo que pasa aquí es más o menos lo que pasará en adelante). Tengo 2 trabajos ahora, apenas avanzo a dar 3 besos a los hijos cada día, trabajo en un bar en las noches y en el día escribo por encargo 1 tesis, 1 proyecto, 2 planes, 31 guiones para radio; es decir que estoy dedicada a hacer 2 de las 5 cosas que más me gustan en el mundo, estoy feliz y como me gusta este estado, pienso permanecer en él cuando menos 16 horas al día, 6 días a la semana, 10 meses al año. Amo mis 2 plazas de libertad que ahora tienen tres edredones para el frío, al “nuevo marido” ya lo mandé a adornar mis sillones, cuando los niños no invaden mi cama, invito a mi amante favorito, cuando necesito invito a los otros a sacudir las afueras de la ciudad. Solo por curiosidad me asomé a la báscula y… ¡Vaya! Subí 6 libras. Estoy en el día 121 y cierro la historia en este punto porque en estas cuentas ya perdí el interés.

*Morelia: Ciudad de Méjico y personaje principal de una novela muy dramática en la que la protagonista sufre (como todas) y se autocompadece, acá en Riobamba se usa el término “morelia” para hablar de una persona que sufre y hace su drama.

AleAlejandra Martínez es de esas personas que respiran y emanan cultura. Una florecita de ciudad. Esta riobambeña es actriz, escritora, barman, terapista alternativa, madre y, entre otras muchas cosas más, es la primera mujer ecuatoriana que escribe para semecanta.com

En el blog hace tiempo que pretendíamos contar con su aporte, ¿por qué? A las pruebas nos remitimos.

¡Gracias Ale!

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About Me

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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