Oficial
Oficial londinense

Julio 2007: Mientras daba forma a este post me llegó la noticia de que un grupo de terroristas habían perpetrado varios atentados en la ciudad de París. La noticia me la dio una compañera de trabajo, instantes después de que yo la felicitara por la obtención de una beca de estudios que la tendrá 10 días en Suiza.

Al otro día los informativos hicieron eco de repudio sobre los hechos acontecidos, y comenzaron las notas a uruguayos que están localizados en París, así como a deportistas que están viviendo en Francia y que por la fecha de las eliminatorias estaban en Uruguay, como el caso de Cavani y Rolan.

Eso abrió temas de conversación, fuera de lo político y religioso. ¿Cómo te podés manejar en tu ciudad cuando sabés que hay gente que solo quiere hacer daño, romper, destruir, matar. ¿Qué haces? ¿Te escondés? ¿Armás un bunker? ¿Mandas tus hijos a la escuela, a la piscina, a la placita a jugar con sus amigos?

Es muy difícil encontrar una respuesta, y aún más difícil poder vivir así.

Lo cierto es que nosotros, por suerte, no hemos tenido que pasar por esos dilemas. Lamentablemente la seguridad en Uruguay y más particularmente en Montevideo te lleva a andar con cautela, pero nunca pensando en que va a explotar nuestro edificio, auto o el evento donde estemos.

Lo que voy a contarles es algo que nos tocó vivir durante una parte de nuestro viaje.

Era el domingo 1 de Julio de 2007.

El sábado anterior llegábamos a Londres, al Camping Abby Wood. Ese día pasó entre ubicar el camping, armar las carpas y hacernos de Libras en un cajero de la zona.
El domingo comenzamos la visita a la capital inglesa yendo a Waterloo, The Eye, tomarnos unas aguas gratis y visitar La Picadilly Circus y Regent Street, obras emblemáticas de la historia de la ciudad.

Pasadas las cinco de la tarde llegamos a la estación del Metro y desembarcamos en el punto notable.

Picadilly Circus
Picadilly Circus

La Plaza (plazuela más bien) era un extracto de lo que es una ciudad Metrópoli. En los escalones de la fuente central había locales, árabes, japoneses, coreanos, africanos, escandinavos, y nuestra representación sudamericana.

La gente estaba disfrutando del sol de la tarde cálida de verano inglés. Nosotros tomamos varias fotos, dimos una vuelta alrededor de la plaza y nos redirigíamos a caminar por la Regent Street, que acostumbrábamos ver en fotos en blanco y negro en los libros de historia cuando repasábamos la historia de la obra de John Nash.

Antes pasamos por un pequeño kiosco que estaba ubicado en el epicentro para leer la portada de los diarios locales. ¡No puedo transmitirles con palabras lo que encontramos en las portadas!

“Three car bombs were deactivated in Picadilly Circus”

“ ….” –
“… eeehh …”

Nos quedamos sin palabras.

El día anterior se habían desactivado tres coches bomba en la misma plaza donde desembarcábamos por Metro, tomado fotos y disfrutado del sol. No supimos cómo reaccionar. Fue algo muy extraño. Nos shockeo la noticia, ¿pero qué hacemos? ¿nos volvemos al camping? ¿nos vamos de Inglaterra? ¿volvemos a Uruguay?

Nos dimos cuenta que nada podíamos hacer para cambiar la situación, lo único sí era movernos con los ojos más abiertos y todos los sentidos al 100%. Nada más.

Cierto es que nosotros éramos turistas que andábamos de paso, algo que habíamos decidido hacer durante seis meses: andar por el mundo de paso. Otra pudo haber sido la reacción de nosotros si fuera nuestra ciudad. Todo esto nos pasó porque justo ahí nos tocó ver el diario. Pasábamos días con poca comunicación con las noticias locales y vivíamos con la fuerza del no saber.

Continuamos nuestro camino por las pitucas veredas y marquesinas del barrio, sorprendiéndonos con una nueva ciudad, y hasta tomando el té de casi las 5. No somos ingleses para ser puntuales, por eso lo tomamos un poquito más tarde.

A medida que avanzaban los días pudimos ver el operativo montado para dar seguridad a los londinenses y extranjeros que estaban en la ciudad.

En las estaciones de Metro desmontaban los cielorrasos de placas Armstrong y se volvían a montar. Se intervenían las cisternas de los baños públicos. En algunas estaciones te pedían que te bajaras y un escuadrón de 12 policías entraba con perros a los vagones y los recorrían en su totalidad, para luego dejarte subir.

En las calles revisaban las plazas, retiraban los bolardos metálicos para mirar en su interior si tenían elementos extraños y los volvían a colocar.

Todo esto que parece muy loco para nosotros se desarrollaba en una total normalidad. El escuadrón policíaco estaba en su mayoría con chalecos amarillos y al alcance de la gente que quisiera acercarse a plantear o consultar algo.

Lo menos que transmitían era una sensación de pánico.

No puedo imaginar cómo puede ser abordado un mismo evento en Estados Unidos. Solo hubo dos instancias caóticas en presencia de la policía de Chicago y Nueva York y fue como si estuviéramos en una película de Stallone, dando gritos y ademanes solo para que todos los japoneses que acababan de bajarse de su Boeing y se aglutinaban en las filas incorrectas de trámite de migraciones cambiaran de lugar.

Los operativos solo afectaron la posibilidad de acceder al interior de algunos edificios, y el tener que esperar alguna vez en la parada de la estación mientras chequeaban nuestro tren.

Regent Street
Regent Street

El resto de los días los vivimos con normalidad, atentos a nuestro entorno y sin agobiarnos por los hechos y/o eventos que pudieran pasar y que no podríamos cambiar.

No es una elección de vida. Es solo como enfrentamos esa particularidad circunstancial de seis meses. Imposible saber cómo lo enfrentaríamos si fuéramos nosotros los que hoy estuviéramos viviendo en Paris, sabiendo que hay locos a los que solo le importa “decir su verdad” con sangre, como quien sube el tono de su voz para darle valides a sus palabras.

¡SEGUÍ RECORRIENDO EL MUNDO!

 

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Escrito por

Gabelo

Si cualquier día corriente de nuestras vidas podemos vivir un hecho que se convertirá en anécdota, imaginá todas las que podés recabar si das la vuelta al mundo. Eso que parece tan loco Gabelo ya lo hizo por nosotros, y de ahora en más compartirá sus vivencias a través de posteos semanales en semecanta.com

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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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