JOJOJORDANMayo 2007

Es viernes 22 de mayo, nuestro penúltimo día en Chicago. Mañana sábado partiremos hacia Nueva York haciendo escala en The Falling Water en Pennsylvania.

Haciendo un aproach de lo que sería su más grande obra, esa mañana salimos al barrio Oak Park a visitar las obras de Frank Lloyd Wright. El primer destino es la Robbie House, y después caminar por el barrio a ver qué más se ve.

A primera hora ya estábamos en la emblemática casa. Luego nos fuimos a comer a una muy interesante universidad que estaba frente por frente y salimos a caminar por el barrio.

El Oak Park es algo así como una mezcla de Carrasco y Pocitos en Montevideo. Por el primero en la parte estética. Son hermosas casas de grandes dimensiones distribuidas en sus jardines. Todo muy verde y yanqui, con sus banderas de Estados Unidos colgadas de las ventanas o de algún poste. Por Pocitos lo comparable con Bello Reborati. Todas las casas de la zona son similares y aparentemente bajo la misma pluma de Wright, muchas de ellas bajo nuestro total conocimiento académico.

Pasado el mediodía partimos al IIT a visitar los edificios de Mies, otro (considerado) salado. Personalmente creo que metió una grifa del Muro Cortina y después lo repitió, haciendo edificios más altos, retacones, anchos, chatos y acostados, pero todos casi iguales.

Vimos el partido de final de la Champions que el AC Milan le ganara 2 x 1 al Liverpool FC en Atenas y nos tomamos la Green Line hacia “State & Lake”, nuestra estación de Metro que nos dejaba en pleno centro, a pasitos de nuestro Apart de turno, el gran Tokio Hotel.

De camino el Seba, abatido y sentimentalizado por la derrota del Liverpool, planteó la idea de ir tras la foto de la estatua de Micheal Jordan que se encuentra en el United Center, la cancha oficial de los Chicago Bulls, cuadro de la que él es fanático. Con “Coutinho” aceptamos la propuesta y rato después estábamos tomando la Pink Line para acercarnos a la cancha.

United Center
United Center

El tiempo de llegada hasta “Ashland” y la llegada del tren que nos depositaría en las cercanías demoró más de la cuenta y ya la tarde se hizo noche.

La espera se hizo larga y decidimos dejar de aguardar el tren y proseguir caminando. Eran alrededor de las 20:30hs y nos dirigimos a la cancha guiados por un mapa y por la fortaleza y enjundia que da la ignorancia. Las calles estaban prácticamente vacías y con poca iluminación. Después de un rato de caminar nos topamos con una amplia avenida que nos dejaría en la cancha.

Al llegar nuevamente nos topamos con la decepción. La cancha estaba cerrada y no había posibilidad ni siquiera de entrar al predio. La NBA ya había sido esquiva con nosotros. Para cuando llegamos a Estados Unidos la liga entraba en etapa de Playoffs. Los Bulls tenían un cuadro altamente mediocre y no había clasificado. Cuando llegamos a las cercanías de Cleveland los Cavaliers habían quedado eliminados, y la misma suerte correría con los Nets y los Knicks cuando llegamos a Nueva Jersey y Nueva York respectivamente. Suerte de perros.

Pero ya estábamos ahí. Habíamos desviado nuestro rumbo, esperado la línea rosada, recorrido los barrios de las afueras de Chicago, y no nos íbamos dejar abatir por la situación. Así es que decidimos rodear el complejo en busca de una entrada desguarecida por donde pudiéramos colarnos y tomar la codiciada foto del gran MJ23.

El complejo era grande y nos llevó una pateada rodearlo. Como casi todo elemento y/o local, hay una entrada principal, y una parte de atrás.

Al dar vuelta la segunda esquina nos encontramos con una calle oscura, chica y veredas cubiertas por la sombra de los árboles bajos que se interponían ante las luces de mercurio. Ya no íbamos a volver atrás. Apuramos el paso y seguimos adelante.

Al virar la vista hacia el otro lateral vimos un enorme cartel luminoso blanco…“Malcom X College”

-“apa .. . estamos en el Bronx de Chicago” – fue lo primero que se nos ocurrió. Particularmente no somos racistas ni nada por el estilo ninguno de los tres, pero temíamos que los que nos pudieran cruzar si lo fueran.

Físicamente los tres veníamos con rasgos Caucásicos, y el Seba luciendo una esplendorosa pelada que brillaba cada vez que los pequeños árboles dejaban entrar ráfagas de luz.

A medida que avanzamos nos fuimos topando con pequeños grupos recostados a las rejas y a los árboles, haciendo el túnel o cortejo a quien pasara por la vereda. Nos aprestamos a pasar lo suficientemente rápido como para no recibir un arrebato o golpe oportuno, y lo suficientemente lento como para no parecer unos cagoncitos del Sur.

Después de sortear las pequeñas chicanas llegamos a la puerta secundaria del complejo. Con el diario del Lunes nos damos cuenta que hicimos el rodeo equivocado. Recorrimos el 75% del perímetro cuando podíamos haber recorrido el 25% si hubiéramos girado para el otro lado. No importa, el daño ya estaba hecho.

Cuando dimos con la estatua ya estábamos sudando a mares. Un poco por el calor, los nervios y la ansiedad, como cualquiera de sus compañeros por aquellos años ‘90.

Tratamos de acceder por algún hueco pero no lo logramos. Después de pegar unos gritos apareció un guardia muy poco piola que no nos dejó pasar y capitular completamente el esfuerzo.

Tomamos las instantáneas que pudimos, en un plano muy poco favorable y festejamos el haber cumplido con nuestro cometido número uno, llegar a la estatua del gran Michael Jordan. Ahora encararíamos el objetivo número dos, llegar enteros.

Volvimos a hacer el recorrido inverso, solo que en vez de quedarnos parados en la estación de metro de la Pink Line esperando como unos perejiles de feria el tren en cuestión, preferimos el salir por las calles sin parar ni correr, camuflados por el entorno, y flotando como Jordan.

Jordan Flotando
Jordan Flotando

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Escrito por

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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