Desde que mi esposa tiene el Waze está loca de la vida. Su emoción se asemeja a la de millones de personas que diariamente transitan en vehículos por todo el mundo.

Para los que no saben, Waze es una aplicación de tráfico y navegación que podés tener en tu celular, y que se nutre con información que le envían los conductores que la utilizan.

De esa manera sus usuarios pueden evitar congestiones en el tránsito, ahorrar combustible y demorar menos tiempo en llegar al destino fijado. ¡Una maravilla!

Hasta la voz de quien te dirige se puede elegir. Por ejemplo, Maite optó por una que se asemeja a la del lémur que en la película Madagascar canta “Quiero mover el bote, quiero mover el bote…”

La verdad es gracioso escucharlo mientras te va guiando; A 800 metros gire a la derecha, a la izquierda o a dónde sea, el Waze siempre sabe el camino correcto.

La cosa cambia cuando te repite el mensaje mínimo cinco veces antes de haber transitado distancias ínfimas automovilísticamente hablando. Ahí es cuando te dan ganas de tirar el celular por la ventanilla, bien lejos, más si venís hablando de algo importante.

La macana en mi caso es que la que conduce es ella, mi esposa, y si tengo la osadía de mandar su celular por la ventana con rumbo desconocido, seguramente después sea yo mismo el que siga el destino del aparatito.

El otro día, mientras desandábamos las rutas ecuatorianas gracias a un feriado bien largo, me contaba con una sonrisa de oreja a oreja todos los beneficios que ha obtenido desde que utiliza la aplicación. Ahorro de tiempo, plata y puteadas con otros conductores obsoletos que todavía no cuentan con la guía salvadora del Waze.

Esa gente aún sigue padeciendo las esperas interminables de los atolladeros vehiculares, dan mil vueltas alrededor de la misma manzana en procura de encontrar el camino correcto, insultan mucho, muchísimo y tocan bocina hasta por inercia. Unos giles que todavía experimentan la adrenalina de perderse y angustiarse un poco por eso.

Son seres que aún hoy se topan con lugares y personas que no estaban en los planes, siguen conociendo por accidente, preguntan a desconocidos sacando medio cuerpo por la ventanilla, putean otro poco y al final, siempre, pero siempre, vuelven a sentir una maravillosa sensación que quienes usan Waze ya no perciben, y es la de saber que, por sus propios medios, encontraron el camino que lleva devuelta a casa.

Escrito por César Reyes 

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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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