sociedadddddEl destino ha querido que hoy viva en un lugar donde, ante los “Ojos de la Sociedad”, fumarte un porro te convierte en delincuente, pero cagar a tu esposa con la primera mina que se te cruce en el camino automáticamente te vuelve un ídolo.

De no ser porque vengo de una pequeña ciudad de Uruguay donde si te vestías de negro eras falopero (consumidor de drogas), si pasaban unos meses y no te veían con una mina eras gay, o donde si te iba bien económicamente era porque en alguna joda estabas metido, hoy esto de lo que me toca ser testigo me molestaría mucho más. Por suerte allá, en San José, poco a poco la cosa va cambiando.

Los “Ojos de la Sociedad” son mentirosos, aún más que los políticos. Es más, éstos, los políticos, son hijos de esos ojos, sus residuos, y lo peor de todo es que son esas  legañas las que terminan manejando a las mayorías, porque no son más que un reflejo de ellas.

Quienes ven el mundo con la óptica de estos ojos son extremadamente “normales”, no salen de la zona de confort y es muy probable que nunca, pero nunca en su puta vida, se atrevan a avanzar un centímetro contra la corriente, porque siempre es más fácil dejarse llevar. Hay pocos salmones, muy pocos, para los ríos que existen en el mundo, y ser uno de ellos se vuelve una tarea complicada entre tanto oso que los espera con ansias para deglutirlos en cualquier cascada.

Cuando los “Ojos de las Sociedad” hablan siempre piden soluciones a “las autoridades”, pero nunca mueven un dedo para tratar de concretar algún cambio. Son ojos con una mirada que aparenta seguridad y hasta soberbia, pero que en realidad está más vacía que un Mac Donalds un Viernes Santo.

El iris de esos ojos no es ni verde, ni azul, ni siquiera  marrones caca como los mios, son ojos grises, muertos, feos, obvios y predecibles, muy predecibles.

Para los que no lo saben vivo en Quito, Ecuador, el Paraíso en la tierra, con gente maravillosa y un clima de ensueño, pero donde la mayoría de los habitantes mira a través de los “Ojos de la Sociedad, y es ahí donde la cosa se complica un poco.

Esta mirada percibe detalles tales como en qué auto te moves, si estas vestido con la misma ropa dos días seguidos y si tu pareja está con otro, pero pierde foco con temas como el alcoholismo, algo que abunda por estos lares, y mucho menos ve la violencia puertas adentro, gritos que los oídos de la sociedad sí percibe, pero como sus ojos no lo ven, o evitan verlo, no existen. Ya lo dijo alguien por ahí. “Ojos que no ven, corazones que no sienten”.

Paradójicamente muchas veces las víctimas de esta violencia evitan hablar, comentar o denunciar, por miedo a cómo serán vistos por esos ojos, los de la Sociedad, tras tomar la cuestionable decisión de ya no estar sometidos y reencontrarse con algo tan prohibido para esta visión como es ser feliz al gusto de cada uno, y no al gusto de los demás.

Porque cuando se ve el mundo con esa mirada, podrás tener ante vos a la persona más interesante del mundo, que logra todos sus objetivos, mantiene a su familia en medio de un acogedor hogar, que sueña con un futuro mejor para sus hijos y se esfuerza por eso, es buen compañero y hasta paga todos sus impuestos, pero comete el imperdonable crimen de, dos por tres, fumarse una pitada de marihuana; ante los “Ojos de la Sociedad” eso ya es causal para ejecutarlo. Matarlo a sangre fría. Será víctima de permanentes comentarios hirientes y poco a poco será relegado a cumplir el papel de “el loquito” en el ámbito que se desempeñe. Por más geniales ideas y objetivos alcance, la frase “Déjalo, está volado”, abortará toda posibilidad de ser tenido en cuenta, él y sus ideas.

En cambio, si no llegás ni a la mitad de cosas buenas del “drogadicto” del que hablé más arriba pero sos un adultero, seguramente, ante los “Ojos de la Sociedad”, vas a recibir muchos aplausos, tus amigos te pagarán muchas cervezas Pilsener heladas y es muy probable que si tu jefe se entera de tu proeza te termine ofreciendo un ascenso.

Entonces, ¿cómo mirar al mundo? La verdad en este momento no tengo ni idea, voy coleteando contra la corriente y un oso pardo me espera en la próxima cascada.

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Escrito por

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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