DescuartizadaEl macabro episodio tuvo lugar en un pequeño pueblito de China. Según fuentes policiales, el sujeto, de 30 años de edad, ex empleado de la ahora occisa, esperó a que ésta saliera de su oficina y la abordó en el estacionamiento del edificio en el que trabajaba.

La sujetó por detrás, apoyó un revolver en su espalda y le dijo –en chino obvio- que no gritara, que subiera al auto y que sólo condujera a dónde él le indicara. Ella así lo hizo…

A riesgo de que me caguen a puteadas debo confesarles que esta noticia no es real. Es mentira. Una mentira necesaria para poder llamarles la atención y por fin, de manera escrita, darles mi punto de vista sobre algo que desde hace años me carcome.

Cuando yo laburaba en un noticiero, allá en mi San José, lo que más me fastidiaba era escuchar a la gente cuestionando la manera de difundir las noticias en las que había sangre involucrada. Que “no se puede ser tan amarillista”, que “se alarma a la población” o que “no suma nada a la sociedad”, eran algunas de las frases más escuchadas por parte de los detractores de los títulos y noticias ligados a hechos sangrientos.

En realidad las noticias son un producto y hay que venderlas. Así de fácil. Cuánto más gente consuma una noticia mejor, y guste o no las que vienen con una bolsita de sangre se venden mucho más que el resto. Son como pan caliente. Por eso los noticieros se pelean entre ellos en procura de captar “más consumidores”, elevar el rating y, por consiguiente, tener más fuerza a la hora de pasar factura a las empresas de donde se nutren económicamente. La cosa es tan simple como lo leíste.

Pese a que ahora estoy del lado de los consumidores porque no estoy ejerciendo como periodista en ningún medio y pasé de estar al otro lado del mostrador, me sigue rompiendo rotundamente las pelotas oír y leer comentarios de gente dándole con el palo a ciertos noticieros cuando dan a conocer noticias aberrantes. Paradójicamente esas noticias son de las más leídas y compartidas. ¿Por qué? Porque nos gusta. Fácil. Nos atrae la sangre, el sufrimiento ajeno, la curiosidad nos puede y casi sin darnos cuenta estamos consumiendo -y con placer casi psicópata- esas noticias que pedimos por favor no difundir, pero igual le damos clic y vemos que pasó.

El color rojo de la sangre es un “NO PODÉS DEJAR DE VER ESTO”, y palabras como “secuestró”, “asesinó” o “descuartizó”, son irresistibles para los que, ante la gente, jurarían que no dudarían en comenzar una cruzada para eliminarlas de los diccionarios.

Es obvio que a no todo el mundo le pasa lo mismo. Seguramente no todos los seres humanos tienen un nivel de morbo -si es que así lo podemos llamar- tan elevado. Pero estoy seguro que de 10 personas que leen un título así 7 se meten a leer qué pasó. Es automático. Como un reflejo de los consumidores de noticias.

Y en este caso no me podés poner de excusa que te colgaste a leer esto porque quizá alguno de los implicados era conocido tuyo. Bien dice en el primer párrafo de la (falsa) noticia que esto pasó en China. ¿Cuántos conocidos tenés vos en China?

Si hubiera encabezado este post con frases como: “La importancia del título en una noticia”, “Todos somos medio morbosos”, o “Te gusta más la sangre que a Drácula”, seguramente no lo hubiera leído ni la cuarta parte de la gente que lo leyó hasta acá.

¿O acaso vos no te comiste las 624 palabras de este post sólo porque te “sedujo” el encabezado?

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Escrito por

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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  1. No lo pudo negar,

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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