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Por Marco Placeres (Ver perfil del autor al final del post)

El querido Julio Acuña, conocido por todos como “Pacu”, es el referente número 1 del baby fútbol del “Treinta”.

Él es capaz de ir en bicicleta casa por casa a buscar a cada niño el día del partido. Es una estámpa habitual ver marchar rumbo al Abasto (nuestra cancha) una caravana de pibes sobre dos ruedas encabezada por su figura, que es la de un niño más en cuerpo de adulto, de cabellera tupida al mejor estilo “Pipo” Gorosito, pero en vez de una camistea de San Lorenzo de Almagro, este ser humano gigante suele vestir la de Racing de Avellaneda, equipo del que es fanático.

Detrás de él va el tropel de botijas con el pecho inflado, ellos saben que esta tarde les va a tocar jugar, porque Pacu es así, los pone a todos, sin importar los resultados ni las condiciones futbolístisticas, todos tienen minutos con él.

Sabe bien que es el baby el mejor momento de intergar e inculcar los valores que en el futuro harán de esos niños hombres de bien, obreros, empleados, jefes, empresarios y quizá, en los mejores casos, futbolistas.

El fútbol pero sobre todo la sociedad le debe mucho a tipos como Pacu, maestros de la calle y de códigos que lamentablemente tienden a desaparecer.

Equipier, alcanza pelotas, canchero, director técnico, ayudante, cocinero, lavandero o lo que se necesite, él ha sabido cumplir todas estas funciones, y en ocasiones varias de ellas al mismo tiempo.

Sentarse a charlar con él no tiene ningún desperdicio. Una comida vino mediante, obviamente que tinto y sin cortar, se puede transformar en todo un deleite de humilde sabiduría, esa que llena el alma y nos renueva la fuerza para seguir peleandola con nuestras mejores armas: el amor a nuestro club, la amistad y la dediciación constante.

En esos diálogos surgen anécdotas de todo tipo. Si vos que estás leyendo este post sos un hombre ya maduro, y tuviste la suerte de que él te dirigiera en tu paso por el baby fútbol maragato, seguramente hablar con este maestro te erice la piel, tanto como me erizo yo al escribir estas líneas.

En su casa, un rancho ubicado dentro del predio de su amado Club 33, guarda pilas de cuadernos donde tiene anotados cientos de nombres de todos los niños que a lo largo de los años supo dirigir, también están los goles y un montón de estadísticas.

Cariñoso, respetuoso, fiel, un tipo que se hace querer enseguida. Cualquier persona que lo conozca de seguro se refiere a su figura en buenos términos, y quizá sea ese el mejor reconocimiento al que puede aspirar un Señor de sus características, el reconocimiento de las personas que saben de su sacrificio.

Pacu es Panadero de profesión, pero amante del fútbol como pocos. Siempre está con la radio Spica pegada a la oreja escuchando algún partido, del campeonato local, uruguayo, argentino o de Tanzania, no importa, lo que importa es estar pendiente de lo que sucede entorno a una pelota, porque ella es sagrada, se mueva en el lugar del mundo en que se mueva. Si no está escuchando fútbol, es porque cambió el dial para seguir el sorteo de la Quiniela o el 5 de Oro, únicas esperanzas del obreraje para poder alcanzar esos sueños que sólo se alcanzan a punta de billetes.

Irma, su esposa y fiel compañera de la vida, siempre está al pie del cañón acompañándolo y ayudándolo en todas sus tareas. También ella es gran responsable de que Pacu sea lo que es. La gran mujer detrás del gran hombre.

Los que acompañamos diariamente al club, sabemos que él es un pilar fundamental, es patrimonio institucional. De esos que generan preguntas como: ¿Qué será de la vida de este club sin su presencia?

Es de esos personajes que cuando el juez pita el final de un partido que tuvo un triunfo nuestro como resultado, dan ganas de ir a abrazarlo, sabiendo que ese será el abrazo más sincero de todos. Cuando nos toca triunfar sus ojos se llenan lágrimas, demostrando de esa manera el amor puro que siente por nuestros colores. Cuando toca perder lo inunda la tristeza, pero la procesión va por dentro, por fuerza es un roble que transmite las mejores palabras de aliento, dando valor y confianza porque si hay algo que da el fútbol es revancha.

Yo tengo pocos años dentro de la dirigencia del fútbol, trabajando para mi querido 33. No sé si duraré mucho en este ambiente, que muchas veces agota y desgasta, pero tengo muy en claro que aprendí mucho del Pacu, y rescato un par de cosas fundamentales y que hoy en día escasean: ¡HUMILDAD Y PASIÓN POR MI QUERIDO TREINTA Y TRES!

 

marcoPerfil del autor:

Marco Placeres es un pibe de San José, Uruguay que trabaja en un comercio que se dedica a la venta de artefactos eléctricos. Con eso ya les estoy diciendo que es el típico laburante yorugua que se tiene que romper el lomo de lunes a sábado para ganarse la vida, por lo que en semecanta.com valoramos un montón que se haya hecho un espacio para escribir estas líneas.

Hay un dicho que reza: “Dios los hace y ellos se juntan”, y en este caso la frase nos viene al dedo, porque Marco es dirigente (supo ser presidente) de un humilde y sacrificado club josefino: el viejo y querido Treinta y Tres, “El Treinta”.

Su camiseta azul, roja y blanca, ha sabido cobijar a grandes valores futbolísticos, pero sobre todo humanos. Un ejemplo es “Pacu”, el referente indiscutido del club, principalmente por su gran apego desde hace décadas a las divisiones formativas.

En semecanta.com entendimos que él se merecía un reconocimiento, y qué mejor reconocimiento que el realizado por una persona que ama a la institución casi tanto como Pacu la ama.

Así que hinchas del fútbol y sobre todo los del Abasto, deléitense con este post que desborda sentimiento por todos lados.

 

AGUSTIN BERRIEL (El caricaturista)Agustin Berriel

Agustin Berriel es un estudiante de Comunicación, que además, antes de recibirse, ya es comentarista de fútbol en el diario Primera Hora y en el programa Expectativa de Radio41, ambos medios de la ciudad de San José de Mayo en Uruguay.

“El Cabeza”, como le dicen, es amante del escritor argentino Alejandro Dolina (amante porque lo lee y escucha) y de The Betales. Hasta acá uno más o menos podía acertar cómo venía la mano en cuanto a gustos de este gran valor, pero pocos habríamos adivinado que ahora, a los 28 años de edad, descubriría que además de todo lo anterior, también es caricaturista.

Así que serán ustedes estimados lectores, los que den su opinión respecto a sus creaciones.

P.D: Si quieren ver más del “Cabecita” Berriel, pueden buscarlo en Twitter como: @berrielagustin

P.D de P.D: Si no les gusta como dibuja “El Cabeza”, lamento mucho, se lo van a tener que fumar todos los miércoles de diciembre y parte de enero. ¡Ahora sí, vamo y vamo

 

 

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0 Comments

  1. Marcos grandioso lo tuyo la verdad que mucha razón en todo para no decir toda. te puedo decir que yo fui uno de los pibes que tenía 6 o 7 años y pacu pasaba en su bicicleta para llevarnos a practicar hace más de 20 años un grande!!!te faltó decir que su mujer tenía la casa llena de cuerdas xq lavaba todos los equipos en una pileta a mano. Gracias Marcos por tu homenaje.

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semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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