pipaImaginá ir caminando por las calles de tu barrio y de repente sentir una puteada a los gritos e inmediatamente una respuesta con voz finita, mirás, y no ves más que a una persona: “El Coquito”.

Él era un viejito menudo y flaquito que vestía un saco desalineado por encima de la camisa, un jean mugriento, una gorra maltrecha y unos championcitos gastados de tanto andar. Fumaba tabaco en pipa y, la mayoría de las veces, andaba pastando su caballo por las cunetas del barrio.

No importaba la época del año, el frío helado de invierno o el calor abrazador de verano no variaban en gran medida su indumentaria.

Sus gritos eran parte del barrio. Recuerdo a más de un vecino -entre ellos a mis viejos- saludando al Coquito. La verdad los diálogos no tienen desperdicio. Reproduzco en mi memoria y transcribo uno de ellos:

– ¿Cómo andás Coquito?, le preguntaba alguna vecina.

– “Muy bien señora”, respondía él con un tono muy tierno y cara angelical.

– “Bueno, pórtate bien”, le devolvía la señora que, apenas se daba vuelta, sentía la respuesta del Coco con unos gritos finitos, que le salían como raspándole la garganta:

– “¡Andá a la puta que te parió!”

Un final sublime para el diálogo que se repetía muchas veces a lo largo del día, pero con diferente interlocutor obvio. Era como que en aquel cuerpito habían dos personas; la amable y la violenta, ésta última creo que no era de mucho fiar porque siempre aparecía cuando le daban la espalda.

Cierro los ojos y lo veo en mi memoria. Va caminando por calle Santiago Vázquez, llega hasta Av. Brasil, agarra rumbo a Rivera y entra a su rancho que queda pegado a donde hoy está Gonzalito, otro petizo incansable que no para de fabricar bloques, creo que medio barrio debe estar hecho con los bloques de arena y portland que él desde hace años arma, pero ese es otro tema y otro personaje.

Precisamente al Coquito se lo pudo ver muchas veces en la esquina de Chucarro y Brasil dándole una mano a su hermano en una huerta de la que ahora nada queda, bah, algo queda, queda el recuerdo de los que pudimos verla y respirar la frescura de los vegetales que allí crecían.

Los niños solían sentarse a charlar con el viejo. Por lo general se burlaban, le tomaban el pelo y le hacían judiadas. Los pibes de ayer, que al parecer eran un poco irrespetuosos y faltos de limites, son los hombres y mujeres de hoy que, al recordar al Coquito, se emocionan como yo ahora.

Es que en mi memoria y en la de algunos que quizá están leyendo esto, el sol se sigue ocultando en esas tardecitas de primavera, y se escucha el clok clok de las pisadas de aquel caballo que camina por las calles aún de tierra.

Mientras tanto la armonía del aire perfumado por las madreselvas se quiebra con un gritito ronco que, una vez más, vuelve a nacer de un cuerpo menudito y desalineado y nos manda a todos a “la reputísima madre que nos parió”.

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Escrito por

semecanta

César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

0 Comments

  1. emmanuel mareco

    29 septiembre 2014, 1:16 am

    somos del mismo barrio y si nos acordaremos del coquito paseando su caballo por las calles del barrio colon

  2. Como no acordarnos gracias por contra estas historias. Soy el Antonio el de los Mora

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César Reyes nació en San José de Mayo, Uruguay, el 16 de noviembre de 1982. Es redactor creativo, periodista y locutor. Lo que más le gusta es contar las historias que diariamente vive y leer las de otros que como él, escriben lo que se les canta. “En mi vida como lector he tenido la suerte de encontrarme con grandes escritores de todos los palos. Me encontré con Wenceslao Varela, con Horacio Quiroga, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, Eduardo Sacheri, Hernán Casciari, en entre otros. En definitiva, leyendo me encontré con muchos grandes, pero un día escribiendo me encontré conmigo, y ahí nace esta historia del blog propio, en el que, como siempre, escribo lo que "se me canta".

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